Derecho a la información veraz
La IA puede amplificar la desinformación y afectar el derecho a una información veraz, poniendo en riesgo la confianza social y la dignidad humana.
La IA puede amplificar la desinformación y afectar el derecho a una información veraz, poniendo en riesgo la confianza social y la dignidad humana.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
El papa León XIV ha escrito y divulgado la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” que, como lo expresa su encabezamiento, versa “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Un documento formidable, muy bien fundamentado, de gran actualidad y portador de un claro mensaje a favor de los derechos esenciales y la dignidad de los seres humanos.
Respecto a las comunicaciones y en torno al derecho a recibir información veraz e imparcial -en los términos del artículo 20 de la Constitución colombiana-, la Encíclica hace advertencias de la mayor importancia que, como lo vemos a diario, no están lejos de la realidad. Entre otras consideraciones, cabe destacar la siguiente: “Herramientas que podrían favorecer el debate y la participación se utilizan a menudo para construir narrativas sesgadas y difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso, mezclando datos y opiniones. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. La posibilidad de manipular contenidos, imágenes y vídeos expone a los ciudadanos a perspectivas parciales o engañosas. El problema afecta a la dimensión cultural y moral, ya que la calidad de la comunicación pública depende directamente de la confianza social y repercute en ella”.
Tiene toda la razón el Santo Padre. Si algo es inherente a la convivencia entre seres humanos, en el interior de las familias, las comunidades, los Estados y las organizaciones internacionales, en los más diversos campos -en lo político, lo social, lo económico, lo jurídico, lo ecológico, lo cultural- es la plena certidumbre -individual y colectiva- acerca de la veracidad de lo que se informa y se divulga.
Se trata, ni más ni menos, de las adecuadas relaciones en el interior de toda sociedad, las cuales deben fundarse en la certeza, la confianza y el mutuo respeto. No pueden partir de la duda generada por la mentira, la tergiversación o la falsedad.
El documento pontificio lo expresa claramente: “La verdad de los hechos tiene una dimensión racional, ya que requiere verificación, cotejo de fuentes y responsabilidad argumentativa; pero es aún más relacional: se construye a través de vínculos de confianza y prácticas compartidas, en un diálogo honesto con los demás y con el mundo. Sólo la búsqueda compartida de la verdad de los hechos, asumida como bien común, puede sentar las bases de una comunicación justa”.
En la época presente, tanto en medios de comunicación como en redes sociales, en Colombia y en muchos países, ya hemos sufrido los efectos negativos de la desinformación y la manipulación de los acontecimientos, las propuestas, las acusaciones y las tendencias, mediante el uso inadecuado de la IA, llevando, inclusive, a choques y a enfrentamientos innecesarios que se habrían podido evitar mediante una información ceñida a la verdad.
Como lo ha reiterado la jurisprudencia constitucional en nuestro país, el derecho a la información es de doble vía, toda vez que no solamente corresponde al emisor de informaciones, datos y noticias sino a sus receptores. Si se engaña al público mediante fotografías, audios, videos, estadísticas tergiversadas o distorsionadas, mediante inteligencia artificial u otros instrumentos, se causan daños, muchas veces irreparables.
Las advertencias del Papa no son imaginarias. Tengámoslas en cuenta.