Drama humano: madre e hijo residen en aeropuerto de Bogotá
Resumen
Una madre de 90 años y su hijo de 70 años han vivido en el aeropuerto El Dorado de Bogotá durante cinco meses debido a dificultades económicas. A pesar de las propuestas de soluciones temporales y de la ayuda solidaria, siguen desamparados.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)En una situación que pone de manifiesto la crisis social que afecta a algunos ciudadanos, un hombre de 70 años y su madre de 90 se han convertido en habitantes nocturnos del Aeropuerto Internacional El Dorado en Bogotá durante los últimos cinco meses. Cada noche, César Augusto Facciola y Beatriz Facciola, su madre, regresan a las instalaciones para encontrar un refugio provisional en medio de bancas que se convierten en su lecho.
Las dificultades de salud se están haciendo evidentes. Las piernas inflamadas, músculos adoloridos y espaladas dañadas por la mala circulación son solo algunas de las adversidades que enfrentan. En una declaración brindada a Noticias RCN, Augusto reconoció las penurias que están atravesando: "Hemos tenido muchos altibajos. Hay momentos en que ella se desespera y me dice: 'Sáqueme de esto, por favor'."
Doña Beatriz, quien evitó la exposición ante los medios, ha luchado contra pensamientos muy oscuros debido a su situación. Augusto, por su parte, ha estado buscando trabajo incansablemente, sin éxito debido a su edad: "No quiere nadie a un viejo de 70 años, aunque tenga toda la vitalidad."
La razón detrás de su crisis es un negocio fallido en el 2020, relacionado con el transporte de carga, que llevó a Augusto a perder $600 millones. A pesar de que las autoridades del Distrito están al tanto del asunto, y se han sugerido soluciones temporales, la realidad es que madre e hijo siguen atrapados en un ciclo de desamparo.
La solidaridad no se hizo esperar tras la difusión de su historia. Ciudadanos se han acercado ofreciendo alimentos e insumos de aseo. Adicionalmente, una comunidad religiosa les ha brindado su apoyo ofreciendo hospedaje temporal para la temporada festiva, un acto de generosidad que Augusto decidió aceptar agradecido: "Se ha presentado un señor en el aeropuerto que es cristiano y nos ha ofrecido su casa para pasar lo que resta de Navidad y parte de enero. Voy a aceptarlo", confesó esperanzado.