Ecos de la jornada electoral
La elección dejó como lección la fortaleza del sistema electoral y el reto de unir un país polarizado mediante consensos y gobernabilidad.
La elección dejó como lección la fortaleza del sistema electoral y el reto de unir un país polarizado mediante consensos y gobernabilidad.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
··········
········
Por: Fundación Participar*
Finalmente, Colombia ha elegido presidente a Abelardo de la Espriella y como vicepresidente a José Manuel Restrepo. Tras meses de expectativa y alta tensión, la jornada deja varias lecciones que merecen ser destacadas.
La primera es motivo de orgullo: el sistema electoral volvió a demostrar eficiencia, transparencia y capacidad para ofrecer resultados confiables, fortaleciendo la confianza ciudadana en la democracia.
También merece reconocimiento la campaña de ADLE. Con disciplina, método y perseverancia, consiguió un resultado que muchos consideraban improbable, sin el respaldo de los partidos tradicionales, los grandes grupos económicos ni buena parte de los medios de comunicación.
Contrario a las advertencias de Gustavo Bolívar y Carlos Carrillo, la victoria de ADLE no desató una crisis institucional ni un estallido social. Es justo reconocer la actitud del candidato Iván Cepeda, quien marcó distancia del tono confrontacional que caracterizó al presidente Gustavo Petro. Aceptó la derrota, reconoció la legitimidad del nuevo mandatario y anunció que ejercerá una oposición firme, pero democrática, desde el Senado.
En su intervención, Iván Cepeda denunció una supuesta injerencia extranjera y habló de compra masiva de votos. Sin embargo, omitió referirse al respaldo que, según diversos sectores, recibió de grupos armados ilegales en zonas bajo su influencia, así como a la participación en política del presidente Gustavo Petro y de algunos de sus funcionarios durante la campaña.
Paradójicamente, uno de los principales legados del presidente Gustavo Petro podría haber sido el fortalecimiento de las instituciones. Durante buena parte de su gobierno pareció ponerlas a prueba mediante constantes confrontaciones con el Congreso, la Rama Judicial y los gobiernos territoriales. Sin embargo, esas tensiones terminaron evidenciando su capacidad de resistencia y reafirmando su papel como contrapesos del poder.
Los próximos cuatro años plantean un desafío mayor para el nuevo presidente Abelardo de la Espriella ha prometido gobernar sin vencedores ni vencidos y ser el presidente de todos los colombianos. Así debe ser. Con una votación tan reñida entre dos extremos ideológicos, sería una torpeza no reconocer que el país está polarizado y dividido y que hay un gran porcentaje de la población a la que no se le han atendido sus necesidades básicas.
Para unir al país Abelardo necesitará construir consensos con alcaldes, gobernadores, gremios, partidos políticos, medios de comunicación y organizaciones sociales. De igual importancia será la conformación de un gabinete técnico y políticamente sólido, capaz de convertir las promesas en resultados.
Las redes sociales seguirán siendo un canal indispensable de comunicación entre gobernantes y ciudadanos en cuanto proveen una información directa, sin intermediarios, sobre lo que siente, piensa y necesita la ciudadanía. Más que utilizarlas para hablar, el reto será emplearlas para escuchar.
Si los colombianos perciben que el Gobierno trabaja por el interés general, la legitimidad llegará como consecuencia. Es lo que todos deseamos y esperamos.
*Martha Elena Pinto de De Hart www.fundacionparticipar.com