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Los que cuentan los votos

Los jurados de votación sostienen la transparencia electoral con capacitación, rigor y responsabilidad, aun en medio de la desconfianza y el desencanto ciudadano.

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Nos acostumbramos al paisaje. A las formas repetidas de la ciudad, a sus rutinas, a aquello que parece funcionar por inercia y que, por cotidiano, deja de llamar nuestra atención. Algo parecido ocurre en una jornada electoral.

Por: Fundación Participar*

Toda la atención se dirige, como corresponde, hacia la necesidad de convocar a los ciudadanos a votar, hacia las instituciones encargadas de garantizar ese derecho y hacia los candidatos llamados a actuar con responsabilidad democrática.

Pero pocas veces pensamos en quienes hacen posible que esa jornada ocurra. Los jurados de votación forman parte de ese “paisaje democrático” que solemos dar por sentado. Ciudadanos comunes que llegan temprano, cumplen un protocolo riguroso, reciben a cientos de personas, verifican información, orientan procedimientos y custodian cada voto con precisión y transparencia. Detrás de una mesa electoral no hay improvisación: hay horas de capacitación, atención sostenida durante toda la jornada y la responsabilidad de actuar correctamente aun en medio de la desinformación, la tensión o la desconfianza que muchas veces rodea el ambiente electoral.

He tenido el honor de ser jurado de votación durante treinta años. Y por eso duele la facilidad con la que hemos aprendido a sospechar de todo. Duele escuchar que nada sirve, que todo está arreglado, que nadie es confiable. No porque las instituciones no deban ser vigiladas o cuestionadas, sino porque detrás de muchos procesos democráticos hay ciudadanos serios que entienden el valor de hacer bien su tarea.

No ignoro las razones que alimentan el desencanto. Desde mi trabajo en las aulas universitarias también he escuchado a los jóvenes expresar su desesperanza. Muchos sienten que el país les queda lejos, que las oportunidades son insuficientes y que el futuro parece una conversación ajena. En las calles también se percibe otra fractura: la desconexión, el individualismo, la lógica del “sálvese quien pueda” que termina debilitando la posibilidad de construir algo colectivo.

Sin embargo, precisamente en momentos como este, cuando el país se prepara para una nueva decisión electoral, necesitamos recuperar algo fundamental: la capacidad de reconocernos como parte de un mismo proyecto democrático, incluso en medio de nuestras diferencias.

En lo que queda de aquí al 21 de junio, vendrán debates intensos, posiciones opuestas y emociones profundas. Ojalá podamos asumirlas desde un lugar más responsable. Ojalá cuidemos la humanidad de quienes están al otro lado de nuestras convicciones. Ojalá entendamos que una democracia no se fortalece cuando humillamos al otro, sino cuando somos capaces de discutir sin destruir.

Los jurados cuentan los votos. Pero el futuro de Colombia se define también en algo más profundo: la manera como decidimos mirarnos y escucharnos para convivir.

* María Ximena Mantilla Macias - www.fundacionparticipar.com