Suscribirse Iniciar sesión
Portada / Opinión/ Combatir la corrupción, reconstruir la confianza
Opinión

Combatir la corrupción, reconstruir la confianza

La corrupción es un problema estructural que exige liderazgo ético, instituciones sólidas y ciudadanía activa para recuperar la confianza pública.

Únete a nuestro canal de WhatsApp Recibe lo más importante de El Frente al instante
Resumen con IA

La corrupción es un problema estructural que exige liderazgo ético, instituciones sólidas y ciudadanía activa para recuperar la confianza pública.

Próximamente

Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.

Próximamente

El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.
Línea del tiempo · IA
····

··········

····

········

Generado con IA · puede contener errores, verifícalo antes de compartir.

El jueves 16 de julio se realizó el foro «Transparencia e integridad en la contratación pública», organizado por la Fundación Participar, el Comité Transparencia por Santander, la Sociedad Santandereana de Ingenieros y la Sociedad Colombiana de Arquitectos Regional Santander-. El evento rindió homenaje al ingeniero Rodrigo Fernández por su trayectoria ejemplar en la lucha contra la corrupción.

Por: Fundación Participar*

En su intervención, el doctor Gerardo Andrés Hernández, director ejecutivo de Transparencia por Colombia, planteó una tesis contundente: la corrupción no es un problema coyuntural, sino estructural. No basta con reducirlas a los actos ilegales de funcionarios aislados; es un fenómeno inserto en un contexto global de deterioro de la integridad pública, debilitamiento democrático y pérdida de confianza ciudadana.

En Colombia, este flagelo se manifiesta en el clientelismo, el desvío de recursos públicos, las irregularidades en la contratación estatal, el financiamiento opaco de campañas políticas, el nepotismo y, sobre todo, la impunidad. Estas prácticas no solo desangran el erario, sino que socavan la capacidad del Estado para garantizar el interés general y minan la legitimidad de las instituciones.

Hernández fue claro: la corrupción no es un destino inevitable. Su reducción exige una convergencia estratégica entre liderazgo ético, voluntad política, instituciones sólidas y una ciudadanía activa. La evidencia internacional lo confirma: los países con mayor transparencia no han logrado avances sólo con el castigo a los culpables, sino con políticas públicas preventivas, organismos de control autónomos y consensos nacionales en torno a la integridad.

Para el período 2026-2030, propuso una hoja de ruta ambiciosa: fortalecer la independencia y capacidad de la justicia, blindar las decisiones públicas frente a influencias indebidas, proteger de manera efectiva a los denunciantes, ampliar la transparencia y trazabilidad de los recursos, consolidar una arquitectura institucional robusta y avanzar hacia una contratación pública 100 % electrónica.

Por su parte, el ingeniero Rafael Fonseca profundizó en una dimensión crítica: la corrupción trasciende lo jurídico. Se alimenta de una crisis moral y ética que corroe el sentido del bien común y desgarra los lazos de confianza esenciales para la convivencia democrática.

Cuando el éxito individual justifica cualquier medio, las leyes —por más perfectas que sean— resultan insuficientes. La transparencia, entonces, no depende sólo de controles más estrictos o de nuevas regulaciones, sino de la formación de ciudadanos que asuman la responsabilidad, la integridad y el servicio público como pilares de su actuación.

En este marco cobra especial relevancia el reconocimiento al ingeniero Jesús Rodrigo Fernández Fernández. Su trayectoria como veedor ciudadano demuestra que la defensa del interés general no es exclusividad de las instituciones de control: también es obra de ciudadanos que convierten la ética en una práctica cotidiana.

Durante décadas, ha ejercido una vigilancia técnica, independiente y perseverante sobre la contratación pública, convencido de que la participación ciudadana es un pilar irremplazable de la democracia. Su ejemplo sintetiza el espíritu del foro: la transparencia no nace solo de las leyes o los organismos de control, sino de personas que hacen de la integridad un compromiso de vida con la sociedad.

*Gonzalo Ordóñez Gómez www.fundacionparticipat.com