Orden y autoridad: ¿Fascismo?
El artículo defiende que autoridad, ley y moral deben alinearse para frenar el caos, la impunidad y el irrespeto a las normas.
El artículo defiende que autoridad, ley y moral deben alinearse para frenar el caos, la impunidad y el irrespeto a las normas.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Fundación Participar*
En los tiempos que vivimos, el caos se erige como el rey de la cotidianidad, manifestándose de diferentes maneras, las cuales sufrimos los ciudadanos día tras día, verbigracia: el terrorismo disfrazado de manifestación ciudadana; la destrucción de bienes públicos; el desconocimiento de la autoridad del ejército y la policía; la indisciplina del tránsito vehicular y en general el incumplimiento permanente de normas y leyes. Es decir, cada uno hace lo que le viene en gana, independientemente del perjuicio que pueda causar.
Lo que más preocupa es que la mayoría de las personas se opone a la autoridad, al control, a la disciplina y a la ley y cuando estos aspectos se tratan de implementar, se esquivan con la excusa de que son fascismo, impiden el libre desarrollo de la personalidad y se oponen a los derechos humanos. Esta conducta se ve claramente reflejado en las fuertes críticas que se hacen, en la presente campaña a la presidencia de la república, cuando se habla sobre la conveniencia de la autoridad, el orden y la disciplina para organizar el desbarajuste en que se encuentra nuestro país.
Revisando el enfoque de cultura ciudadana del Profesor Antanas Mockus cuando desempeñó la alcaldía de Bogotá, la autoridad aparece como eje transversal principal de su plan de gobierno. Para el, este importante aspecto se encuentra íntimamente relacionado con la ley, la moral y la cultura y se logra cuando estos tres eslabones se alinean, van en la misma dirección y las personas cumplen por convicción con las responsabilidades y deberes que ellos implican, sin miedo y con el debido respeto a los organismos de control del Estado.
El profesor Mockus planteaba que en Colombia afrontamos un grave problema: se admira al “vivo” y al que esquiva la ley, se permiten los delitos, hay manifiesta impunidad, no existe la pedagogía del respeto y la disciplina, los lideres no dan ejemplo ni son símbolo de autoridad moral. Se ve con preocupación como la ley expresa una cosa, la moral de las personas manifiesta otras y la cultura aplaude y premia otras. Hay divorcio entre estas tres. Expresa Mockus: “Cuando hay divorcio entre la ley, la moral y la cultura, la ilegalidad culturalmente aceptada y moralmente tolerada, se convierte en el principal obstáculo para la consolidación del Estado de derecho”.
Aunque vivamos en una sociedad democrática, en el ejercicio de nuestras libertades individuales, el deber ser se impone como compromiso con trascendencia comunitaria, el cual debe estar regido por la autoridad, la moral y la ley. Todos los planes de gobierno deben expresar sus aspiraciones sobre la base de estos fundamentos, dando preponderancia a la pedagogía del respeto y la acción por convicción, al fortalecimiento de los organismos de control y establecimiento de límites, para propender por la organización del Estado. Es decir, que ninguna persona pueda “salirse con la suya” porque nadie puede gobernar en medio del caos.
*Martha Lucía Flórez de Jaimes www.fundacionparticipar.com