Una obra para la eternidad
La Odisea de Christopher Nolan destaca por su fiel adaptación, su fotografía y actuaciones, convirtiéndose en una obra de arte que honra el poder de Homero y del cine.
La Odisea de Christopher Nolan destaca por su fiel adaptación, su fotografía y actuaciones, convirtiéndose en una obra de arte que honra el poder de Homero y del cine.
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Esta semana se estrenó en Bucaramanga y en diferentes partes del mundo la anhelada y esperada película de Christopher Nolan: La Odisea, basada en la obra de Homero. Este filme logra una fiel adaptación del texto literario y permite que el espectador haga un placentero viaje hacia el pasado, con el fin no solo de rememorar esta historia, sino también de volver a vivir este tipo de joyas audiovisuales, que hace décadas no se veían en la pantalla gigante.
Por Jimmy Fortuna* / EL FRENTE
El filme de Nolan permite que no se sientan las casi tres horas de duración, debido a la impecable fotografía, los primeros planos de los personajes y la magistral actuación de cada uno de los actores, que dan vida a las legendarias figuras, que hacen parte del universo de Homero: Odiseo (Matt Damon), Penélope (Anne Hathaway), Telémaco (Tom Holland) y Eumeo (John Leguízamo), entre otros grandes del séptimo arte.
Es maravilloso ver cómo el papel de Leguízamo logra eclipsar la pantalla y mantener vivo uno de los rasgos característicos de la literatura griega: no hay personajes secundarios. Todos cumplen un rol trascendental y definitivo en la historia y en los múltiples sucesos que acontecen.
Además de la música, fiel personaje de los filmes de Nolan, se evidencia el poder de creación de Homero al moldear figuras que siguen generando puentes con las generaciones actuales y no pierden vigencia. Las problemáticas retratadas antes de Cristo por el autor griego no han cambiado: el ser humano, en esencia, está hecho de la misma materia y acosado por los mismos males.
Sumado a todo lo anterior, la película posee una serie de escenas, que seguramente quedarán para la historia del cine y para que reposen en la mente de los espectadores durante décadas: la lucha con el cíclope, el diálogo de Odiseo con los muertos, la comida ofrecida por Circe, el diálogo del protagonista con Calipso y el rostro de Penélope al volver a ver al padre de Telémaco, entre muchas que poseen esa magia del cine que no está hecho para una finalidad comercial, sino como un homenaje más a esta invención artística, tan amada por la humanidad, y al poder de la palabra que dejó Homero para los lectores de todas las latitudes.
La Odisea, de Christopher Nolan, es una obra de arte, que, desde ya, quedará en la dorada lista de esos filmes clásicos que acompañan a los espectadores durante su travesía por este mundo terrenal, por poseer esa magia única de abrir la puerta a mundos posibles, con el poder de la literatura que ha sido creada para perdurar.
*Docente de la Universidad Industrial de Santander