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¿El Gobierno del Cambio? Por lo menos en Santander permanecimos congelados en el tiempo

En Santander, el gobierno de Petro dejó proyectos estratégicos sin ejecutar y problemas clave como Santurbán y el fracking sin resolver.

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"Las obras hablan más que los discursos". Pocas frases describen mejor el balance que deja el gobierno de Gustavo Petro para Santander. Durante cuatro años, el país escuchó promesas de transformación, justicia territorial y un supuesto cambio histórico que, al menos para este departamento, terminó convirtiéndose en una dolorosa paradoja: mientras el discurso avanzaba, Santander permaneció inmóvil.

Existe otra frase célebre atribuida a Benjamin Franklin que dice: "Una inversión en conocimiento paga el mejor interés". Colombia podría adaptarla a su realidad diciendo que una inversión en infraestructura produce el mejor desarrollo. Lamentablemente, esa inversión nunca llegó para Santander.

Mientras otras regiones del país lograban destrabar corredores estratégicos, avanzar en concesiones o consolidar nuevas apuestas logísticas, el departamento terminó exactamente donde comenzó el cuatrienio.

La lista de proyectos prioritarios permanece intacta. La doble calzada Bucaramanga-Barbosa, la vía Bucaramanga-Pamplona, el corredor Los Curos-Málaga, el Anillo Vial Externo del Área Metropolitana, la navegabilidad del río Magdalena, la modernización del sistema férreo, la ampliación de los aeropuertos Palonegro y Yariguíes y decenas de obras estratégicas continúan siendo apenas nombres escritos en documentos de planeación.

La hoja de ruta denominada Visión Santander 2050 estima que las grandes obras de conectividad podrían generar cerca de 95.000 empleos adicionales y sacar a más de 181.000 personas de la pobreza. Sin embargo, esas oportunidades permanecen, como hemos dicho, congeladas junto con los proyectos que deberían hacerlas realidad.

Pero si el panorama vial resulta preocupante, el balance del sector minero energético deja un sentimiento todavía más profundo de frustración. Santurbán completa diez años convertido en el monumento nacional a la indecisión del Estado colombiano. Tres presidentes han pasado por la Casa de Nariño sin cumplir la orden de la Corte Constitucional de establecer una delimitación definitiva del páramo. Diez años de mesas de diálogo, consultas, audiencias y discursos que no han producido una sola respuesta definitiva para miles de familias que viven entre la incertidumbre jurídica y económica.

Mientras unos convirtieron el páramo en una bandera política y otros hicieron de la confrontación un negocio electoral, los habitantes de Soto Norte quedaron atrapados en un limbo permanente. La ciencia pasó a un segundo plano. El consenso nunca llegó. La seguridad jurídica desapareció.

Y la cosa para Santander se puso peor porque paradójicamente Colombia tuvo la oportunidad de resolver con evidencia científica uno de los debates ambientales más importantes de su historia.

Los pilotos Kale y Platero, ubicados en el Magdalena Medio santandereano, fueron diseñados precisamente para medir los posibles impactos del fracking sobre los acuíferos, la biodiversidad, la calidad del aire, la sismicidad y la salud pública. No eran proyectos comerciales. Eran investigaciones científicas para producir conocimiento. Pero la decisión política terminó imponiéndose antes de conocer los resultados de la ciencia.

Todo ello mientras Barrancabermeja observaba con preocupación cómo el discurso oficial insistía en convertir a Colombia en el primer país petrolero decidido a abandonar voluntariamente la exploración de su principal fuente de divisas, en un momento en que la economía nacional continúa dependiendo significativamente de los ingresos provenientes del petróleo y del gas.

Los santandereanos no necesitaban escuchar durante cuatro años que el futuro sería mejor. Necesitaban ver maquinaria construyendo carreteras, proyectos avanzando, aeropuertos ampliándose, corredores férreos recuperándose, reglas claras para la minería y una política energética capaz de equilibrar sostenibilidad ambiental con crecimiento económico.

Hoy concluye un gobierno. También termina un experimento político que prometía cambiar la historia del país. En Santander, la historia sí cambió, pero no como muchos esperaban. Cambió porque cuatro años después los proyectos siguen en el papel, las incertidumbres permanecen intactas y las oportunidades continúan esperando.