En el ejercicio de reconstruir la historia, la memoria nos contradice

Resumen

La memoria no siempre coincide con los hechos: recordar es reconstruir, por eso la historia debe contrastarse con archivos y evidencias.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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En el ejercicio de reconstruir la historia, la memoria nos contradice

Cada vez que publicamos una fotografía antigua, una crónica o un dato histórico desde el Círculo Amigos de Bucaramanga, aparecen voces seguras, firmes, irrefutables: “eso no era así”, “yo lo recuerdo distinto”, Es constante esa fricción de corregir en la que argumentan que estamos equivocados.

Durante años se ha creído que recordar es como abrir un archivo intacto del pasado. Sin embargo, la psicología ha demostrado que la memoria funciona como una reconstrucción. Cada recuerdo es una versión rehecha, influenciada por el tiempo, las emociones, las conversaciones y por lo que otros nos han contado después.

Esto significa que cuando alguien afirma con total seguridad que una calle era diferente, que un edificio estaba en otro lugar o que un hecho ocurrió de otra manera, Está recordando desde una memoria que ha sido moldeada, ajustada y distorsionada.

Esto se debe al fenómeno de los recuerdos falsos, que son re construcciones e interpretaciones mentales que el cerebro adopta como reales y que, con el paso de los años, los relatos familiares, las fotografías vistas modifican lo que creemos haber vivido.

Gran parte de la historia cotidiana no fue documentada de manera sistemática y rigurosa, Y aunque la memoria oral ha sido fundamental para mantener vigente la historia, es también bastante vulnerable y subjetiva, y lo que se recuerda casi siempre no coincide con los registros disponibles.

Por eso, cuando publicamos contenidos desde el Círculo Amigos de Bucaramanga lo realizamos basados en archivos de prensa antigua, evidencia fotográfica, libros, investigaciones y se realiza con el objetivo de contrastar la memoria con fuentes verificables, y dicho sea de paso una labor que incluye muchas horas de dedicación.

Aun así, el choque es inevitable: la memoria personal tiene una fuerza emocional que supera a los documentos. Y es algo humano; defender un recuerdo. Es defender una parte de la propia identidad y corregir ese recuerdo puede sentirse como una invalidación personal. Y ahí es donde la discusión se vuelve emocional.

Sin embargo, es necesario decirlo: la seguridad con la que recordamos algo no garantiza su veracidad. La memoria puede ser convincente y al mismo tiempo, equivocada.

Ahora no estamos descalificando a quienes cuestionan. Al contrario, los convierte en parte de un proceso más amplio, pero del que hay que estar preparados para confrontar las versiones del pasado basados en lo que nos parece a lo que realmente sucedió, y eso obliga a leer, a fundamentarse, a contrastar, a dialogar, a revisar y a elevar el nivel de la conversación. No basta con decir “yo lo recuerdo así y así fue”.

En el reto diario de publicar desde hace 18 años hemos estado y seguimos buscando construir una memoria más rigurosa, donde la experiencia individual dialogue con la evidencia histórica. Una memoria colectiva que no dependa únicamente de lo que creemos recordar, sino también de lo que podemos demostrar.

La ciudad se transforma y también cambia la forma en que la recordamos. Y en ese ejercicio, todos estamos expuestos al error. El verdadero reto que todos debemos asumir es estar dispuestos a revisar los recuerdos. Para entender mejor el pasado y seguir avanzando hacia el futuro.

*Diego Sáenz Reyes.

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