Los votantes requieren información
Resumen
La campaña electoral debería centrarse en propuestas y debates de fondo, no en ataques personales ni propaganda sin contenido.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Sin entrar en consideraciones favorables a una u otra de las campañas que se adelantan con miras a la primera vuelta para elegir presidente y vicepresidente de la República, debemos entrar en el tema de la indispensable información requerida por la ciudadanía y que no se le está suministrando.
Se supone que, en una democracia, el titular del derecho político -el ciudadano- vota por uno u otro aspirante con base en su conocimiento acerca de la línea de pensamiento, las convicciones y las tesis de todos ellos, y -especialmente- sobre las ideas, propuestas y posibilidades que cada uno presenta a su consideración, asumiendo el compromiso de su efectiva realización en caso de resultar electo.
Lo que estamos viendo en varias de las campañas, en los medios y las redes sociales es exactamente lo contrario de ese concepto democrático: muy lejos de lo programático, lo que se observa es el enfrentamiento personal, la ofensa y el maltrato; las interminables acusaciones y sindicaciones públicas, el discurso destinado -más que a exponer la bondad de la propias ideas- a impedir que el rival político alcance el triunfo.
Infortunadamente, no hay debates de fondo. La controversia no gira alrededor de programas estructurados para el período de cuatro años que se avecina. No se observa que, como sería de esperar en el sistema democrático, se esté discutiendo sobre soluciones a los graves problemas y las muchas necesidades del país en materia de derechos fundamentales, colectivos, sociales, económicos, ecológicos y culturales.
Es demasiado frecuente no ver preocupación alguna por el bien de la colectividad, pues se da más importancia a la capacidad de obstrucción, descrédito y perjuicio del contrario. Se prefiere el uso y abuso de videos, fotos y mensajes -elaborados algunos con inteligencia artificial-, en detrimento del prestigio, la fama y el buen nombre. Medios y redes se manipulan, inclusive, para el señalamiento a candidatos y sus equipos -sin pruebas y sin existir sentencia condenatoria, desconociendo la presunción de inocencia- como autores o determinadores de gravísimos delitos.
La ciudadanía tiene derecho a que se le muestren los elementos de juicio para saber cuál es la mejor opción. Las ofensas y los agravios no son argumentos dignos en el curso de una campaña electoral.
Los electores deben ser debidamente ilustrados sobre lo que piensan hacer los candidatos en la dirección del gobierno, en caso de ser elegidos. Son muchas las materias que deberían ser abordados, en el curso de debates respetuosos, con altura, de manera pública y franca, con reglas de juego claras e imparciales; con moderadores imparciales. Los asuntos relativos a la salud -hoy en grave crisis-, la educación, la cultura, el trabajo, el orden público, el transporte, la vivienda, la integridad territorial, las relaciones internacionales, tendrían que prevalecer sobre el discurso de odio.
En la democracia, el ciudadano necesita información, más que propaganda sin contenido sustancial. Debe conocer cuáles son las distintas opciones -todas-, con miras a la realización del Estado Social de Derecho, la satisfacción del interés colectivo y el bien común. Para eso son las campañas.
Desde luego, en el debate deberían participar todos los candidatos, con independencia del lugar que ocupen en las encuestas.