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Incendios forestales

Los incendios forestales en Colombia agravan la crisis económica, social y ambiental, con miles de hectáreas afectadas y fuertes pérdidas en zonas rurales.

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Los incendios forestales en Colombia agravan la crisis económica, social y ambiental, con miles de hectáreas afectadas y fuertes pérdidas en zonas rurales.

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Por estos días se observa un escenario desolador en el País rural con ocasión de los incendios forestales que afectan el territorio nacional. Según datos suministrados por el Gobierno, existen alertas por riesgos forestales sobre 158 municipios, de los cuales, 43 están en alerta máxima. El Departamento del Tolima es el más afectado por este evento catastrófico, 22 de sus municipios han sido perjudicados. La situación ha escalado a tal nivel, que un labriego de la vereda Balsa Frutero del Municipio de Ortega en ese mismo departamento, se suicidó una vez se enteró que perdió sus cultivos de caña, su trapiche y a sus animales durante una reciente conflagración.

Algunos “líderes” del País llevan propalando ampliamente en medios de comunicación y en redes sociales que, Colombia en virtud del cambio climático, enfrentará un desolador escenario de sequía para el segundo semestre del año 2026. Evento climático que atribuyen a la minería, al fracking, a la construcción de embalses, al desvío del curso de ríos y a la industria de las energías no sostenibles, según la narrativa que han extendido; asimismo, estos “líderes” han hablado irresponsablemente de incendiar el País, en el evento que, “logros” del Gobierno anterior sean desmontados o puestos en suspenso, sin precisar a qué refieren por “incendiar el País”.

Ideas que hacen carrera y calan hondamente en el subconsciente colectivo de los colombianos, empero, a pocos días del devastador terremoto que dejó tanta afectación en pérdidas de vidas y destrozos materiales en el centro occidente; mientras el nuevo Gobierno hace frente con tesón y apoyo internacional, tenebrosamente, surge otro frontispicio de agobio: Los incendios forestales en diferentes zonas del País que, según cifras estimadas, se contemplan pérdidas superiores a 41.000 millones de pesos, con más de 22.000 hectáreas afectadas, efectos nocivos para muchos animales de pastoreo, y gravísimo daño de flora y fauna silvestres, aunado a la afectación en la calidad del aire. En otras palabras, los incendios forestales además de agravar la crisis económica y social han provocado una crisis ambiental, cuyos efectos aún no se dimensionan.

La pregunta que asalta a todo observador desprevenido ¿Quién o quiénes pueden estar detrás de los incendios forestales en plena crisis económica y social? La anterior pregunta halla fundamento, cuando, en redes sociales se difunden imágenes en las que se observan a personas que atizan el fuego en lugares que tienen perturbación del orden público.

Surgen otros interrogantes, será que los incendios forestales no son simples consecuencias del mal llamado cambio climático, y sí forman parte de una estrategia auspiciada por grupos al margen de la ley, en sectores estratégicos del País, para provocar zozobra y caos en los primeros cien días del nuevo Gobierno. Curiosamente, los incendios incrementaron durante el presente mes de agosto, se estima que, en la primera semana del mes, hubo cerca de 438 incendios forestales.

Ojalá los incendios forestales sean simples circunstancias aciagas propias del albur, y no se trate de una diabólica estrategia empleada para sembrar terror en el territorio nacional con el fin de desestabilizar el País, justamente, cuando emprende un nuevo rumbo. Al momento de escribir esta columna, se registran nueve incendios forestales activos distribuidos entre los Departamentos de Tolima, Huila y Caldas.

Le corresponde al Gobierno Nacional y a las autoridades competentes investigar en detalle las causas de las conflagraciones, y establecer un nuevo organismo de control de delitos ambientales; dado el caso, instaurar la jurisdicción ambiental, encargada de procesar a quienes cometan este tipo de delitos que, afectan por igual al grande y al más pequeño agricultor, a la estabilidad y soberanía alimentarias de todos los colombianos y, por supuesto, a la fauna y flora. Quienes incendian territorios merecen ser llamados canallas.