“Jesús María Serrano Prada: El legado de servicio, solidaridad y fraternidad”
Jesús María Serrano Prada dejó un legado de servicio, solidaridad y fraternidad, impulsando obras comunitarias, apoyo rural y proyectos en beneficio de muchos.
Jesús María Serrano Prada dejó un legado de servicio, solidaridad y fraternidad, impulsando obras comunitarias, apoyo rural y proyectos en beneficio de muchos.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por Carmen Cecilia Orejarena Prada / EL FRENTE
Hay personas que pasan por la vida dejando recuerdos. Otras dejan obras. Y existen aquellas que logran dejar ambas cosas: obras que hablan de su grandeza y personas que las recuerdan con gratitud. Jesús María Serrano Prada, “Chucho” como de cariño le decían, pertenece a esta última categoría.
Su vida fue una expresión permanente de servicio, solidaridad y fraternidad. Durante 43 años perteneció al Club de Leones Bucaramanga Diamante, institución desde la cual convirtió muchas de sus iniciativas en realidades que beneficiaron a comunidades que necesitaban una mano amiga.
Uno de esos legados permanece en la vereda La Loma, del municipio de Los Santos, donde donó el lote para la construcción de la escuela perteneciente a la Institución Educativa La Laguna. También lideró durante más de diez años el comedor infantil del barrio Gaitán y promovió brigadas de salud visual para atender a niños de las escuelas rurales.
Chucho tenía una particularidad: cuando se proponía un proyecto, encontraba la manera de sacarlo adelante. Su generosidad, su capacidad de relacionarse con las personas y ese don de gente que lo caracterizaba le permitían convocar voluntades y convertir las ideas en obras.
Pero su vocación de servicio no se limitó al Club de Leones. Como líder de la Colonia Betuliana en Bucaramanga, mantuvo vivo el vínculo con sus raíces y con quienes trabajan la tierra. Fue además creador del Concurso del Arriero en las ferias y fiestas de Betulia y Zapatoca, una iniciativa que buscaba acercarse a los campesinos y agricultores, reconocer su labor y preservar parte de la identidad de nuestra tierra.
También fue empresario desde el año 1988, desarrollando Abonos integrales Mi Granga Abimgra, donde encontró una alternativa para aprovechar los residuos agrícolas y pecuarios mediante la elaboración de fertilizantes orgánicos. Una muestra más de su capacidad para transformar: transformar residuos en oportunidades y convertir una actividad empresarial en una apuesta por el campo.
Sin embargo, detrás de cada proyecto estaba el ser humano. Chucho tenía la capacidad de conectar con las personas, una sonrisa que siempre lo acompañaba y una capacidad especial para orientar. Quienes acudían a él encontraban muchas veces la palabra correcta, esa que podía aclarar un camino, brindar confianza o simplemente ayudar a seguir adelante.
Quizás ese sea su mayor legado. Porque hay patrimonios que no aparecen en ningún balance: se construyen con las vidas que se tocan, las manos que se tienden, las oportunidades que se crean y las sonrisas que se dejan en el camino.
Jesús María Serrano Prada deja mucho más que recuerdos. Deja el ejemplo de que servir es actuar, que la solidaridad se demuestra con hechos y que la fraternidad comienza cuando somos capaces de reconocer en el otro a alguien que también merece nuestro tiempo, nuestra ayuda y nuestra generosidad.
Su vida nos recuerda que el verdadero legado no consiste solamente en lo que acumulamos, sino en lo que somos capaces de entregar para que otros puedan vivir un poco mejor.
Porque al final, una vida no se mide por los años que transcurren, sino por las huellas que permanecen. Y Chucho dejó muchas: en el campo, en las comunidades, en sus amigos y, especialmente, en las personas que aprendimos de su ejemplo que servir también es una manera de amar.
Esta es mi manera de honrar su memoria: agradecer a la vida por haberme permitido compartir un tramo de su camino en la Colonia Betuliana y por los aprendizajes que hoy permanecen como parte de mi propia historia. A su esposa, hijos, nietos, hermanos y demás familiares y seres queridos, les extiendo mi abrazo solidario y fraterno. Que el recuerdo de su sonrisa, su generosidad y su vocación de servicio sea también una forma de mantener vivo su legado