La tolerancia
El texto denuncia la intolerancia y el fanatismo ideológico en la universidad, donde el debate cede ante la difamación y la presión para pensar igual.
El texto denuncia la intolerancia y el fanatismo ideológico en la universidad, donde el debate cede ante la difamación y la presión para pensar igual.
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Por: León Ferreira
François Marie Arouet (1694-1778), más conocido como Voltaire, publicaría su célebre Tratado sobre la Tolerancia (1763) con ocasión de la muerte del hugonote Jean Calas ordenada por un tribunal de Toulouse el 09 de marzo de 1762, quien, en términos de Voltaire, fue impunemente asesinado por mandato de la Justicia como presunto asesino de su hijo Marc Antoine. Jean Calas fue condenado a morir en la rueda por estrangulación y su cadáver incinerado pese al alegato de inocencia de Calas y sus familiares; su esposa y demás hijos fueron desterrados y sus propiedades confiscadas. El Tribunal judicial de Paris revisaría la sentencia y lo hallaría inocente, dispuso la rehabilitación de su memoria y el restablecimiento de derechos para su familia. Este caso judicial inspiró a Voltaire para elucidar brillantemente sobre la intolerancia religiosa y colocarle en un punto muy alto del pensamiento. Voltaire, invita a ejercer el libre pensamiento y el examen de conciencia desde la tolerancia, “Con el único que no se puede ser tolerante es con el intolerante”, escribió.
En estos tiempos, la intolerancia campea en la sociedad, verbo y gracia, en las Universidades, poco o nada se debaten las ideas con argumentos. El debate es un difunto. Imperan la movilización, la protesta agresiva, el grafiti, las bombas caseras y el escrache, este último, una nueva modalidad de violencia que consiste en el escarnio público junto a la expresión de odio contra quien se quiere eliminar socialmente y expulsar de un entorno en particular. La violencia, el odio y el resentimiento se han tomado los espacios universitarios. Algunos docentes y algunos estudiantes son cocreadores y presas de una nueva forma de oscurantismo que brota en ambientes universitarios: El fanatismo ideológico.
Hace más de doscientos años se condenó injustamente a Jean Calas ahora se hace lo propio contra aquel que en el ejercicio de la libertad de pensamiento y de opinión se atreva a criticar cualquiera de los “Ismos” de moda en las Universidades. Pareciera que sólo vale una única línea de pensamiento, para quien piense diferente, la difamación ¿Dónde queda la tolerancia cuando se quiere obligar a todos a pensar igual y pensar diferente es considerado políticamente incorrecto? ¿Desde cuándo la Universidad debe estar al servicio de la ideología disfrazada de progresismo? ¿Por qué victimizarse ideológicamente resulta rentable? ¿Desde cuándo el docente perdió el derecho a opinar y a alejarse del pensamiento mayoritario de la masa estudiantil? ¿Acaso el docente está llamado a ser un recreacionista en el aula de clase con la anuencia de las directivas universitarias? Antaño los profesores evaluaban, hoy son evaluados por sus estudiantes.
La intolerancia pasa por la crisis de la Universidad que, es también la crisis de la juventud, cuyas acciones se alejan de lo que dicen defender y representar. La tolerancia se tiene sólo para con el par, no para con el contradictor. Las libertades de pensamiento y de conciencia no se venden, ni se endosan; son las únicas y verdaderas libertades ¿Por qué expresar lo que se piensa motiva el ataque personal? La masa no piensa por sí misma porque es reactivamente amorfa, hija bisoña de la hiperdemocracia y los hiperderechos en menoscabo de los deberes.
El Enquiridión, escrito por uno de los discípulos de Epicteto, consagra en la máxima 35º: “Cuando hagas algo, qué según tu mejor criterio, debe ser hecho, nunca tengas vergüenza de que te vean haciéndolo, aun cuando todo el mundo pueda formarse una idea equivocada de lo que haces. Porque, si no has de obrar rectamente, desiste de la acción misma; pero si tu obrar es recto ¿Por qué habrías de temer a quienes te juzgan de manera equivocada?”. Obrar rectamente es deber moral, no tiene que ser motivo de temor frente al intolerante e ignorante.