Menos hacinamiento sin más metros en cárceles
El artículo propone enfrentar el hacinamiento carcelario desde la prevención del delito y la formación en empatía, no solo con más infraestructura penitenciaria.
El artículo propone enfrentar el hacinamiento carcelario desde la prevención del delito y la formación en empatía, no solo con más infraestructura penitenciaria.
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Por: Rodrigo González Márquez*
Hablar de condiciones dignas en la privación de la libertad ya no es materia de discusión. Cada vez se ventila con mayor frecuencia la situación precaria de los espacios destinados para cumplir con estos mandatos que apartan al ser humano del derecho más importante para muchos; Kant lo planteaba como el verdadero derecho innato, como la facultad de cada persona de darse sus propias normas bajo unas leyes morales guiadas por la razón. Contrario a ello, las condiciones sociales y estructurales fracturan esa capacidad de discernir antes de llegar al acto delictivo. No hay mejor prueba que el número de sujetos que hoy están recluidos.
Ante los problemas lo ideal es diagnosticar con el ánimo de encontrar remedios. El profesional de la salud, por ejemplo, busca entre lo aprendido las distintas maneras en las que puede ayudar a combatir los efectos del malestar del paciente; bien sea con tratamientos, medicinas, terapias, o intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, en la cosa pública no existen recetas prefabricadas; con base en lo hallado se estudian las causales a fin de proyectar estrategias o acciones que intenten mitigar riesgos o situaciones que afecten a la comunidad, no siempre con los mejores resultados. Hay quienes basan sus decisiones en ideologías, otros lo hacen desde la filosofía, algunos optan por copiar un modelo extranjero, o incluso existen aquellos que miserablemente eligen la ruta que mayores réditos personales le genere.
En el caso del hacinamiento carcelario y la búsqueda de condiciones en el marco de la dignidad, la respuesta casi siempre se estanca en proyectos de infraestructura: ampliar los espacios a partir de nuevas construcciones o el mejoramiento de las ya existentes. Desde estas líneas quiero proponer un cambio de enfoque: dejar de leer la situación como un tema de disponibilidad espacial. Hagamos el ejercicio con una premisa esencial: supongamos que no es posible ampliar ni medio centímetro las construcciones con las que cuenta el sistema. Pensemos “por fuera de la caja”.
La propuesta se encaminaría a explorar esfuerzos mancomunados para la prevención del delito. Una especie de modelo pedagógico comunal y sostenido en el que se construya conjuntamente los conceptos de violencia, paz, cultura, afectación al otro, respeto, vida. No hago referencia a persuadir a partir del castigo. Todo lo contrario. Aquí el error no es “haberse dejado pillar con las manos en la masa”, o “haber perdido el proceso judicial”. La intención es mucho más profunda; se busca una sociedad (desde la individualidad de cada sujeto) que comprenda el daño que causa, la herida que deja, la indignación que aflora la mala decisión de alguien para con otros. Y para ello es fundamental comenzar con la base, nuestros niños y niñas. Porque finalmente, un niño, y un adolescente empático y consciente, será un adulto que razone ante aquel impulso que le pueda llevar a la falta. Será un adulto menos que tenga que engrosar las cifras de privados de la libertad.
*Docente y consultor en DDHH y Manejo de conflictos. X: @rodrygonzalezma