Nueva EPS convertida en la ‘joya’ que quieren salvar los corruptos
Resumen
La intervención de Nueva EPS evidencia una grave crisis en la atención, con alta concentración de reclamaciones y fallas de gestión que afectan a pacientes y prestadores.
Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)Cuando una entidad como la Nueva EPS quedó bajo intervención de la Superintendencia Nacional de Salud desde el 3 de abril de 2024, la medida ya no fue sólo trámite técnico, sino la confirmación de una falla grave en el control, en la vigilancia y en la dirección del sistema de la prestadora de salud que aglutina al mayor número de colombianos.
Y cuando esa misma entidad concentra la mayor parte de las reclamaciones del país, el problema deja de parecer episódico y revela una fractura de fondo y heridas múltiples que la dejan ad-portas de los santos óleos y los responsos.
La Superintendencia Nacional de Salud ordenó la intervención de Nueva EPS hace dos años, y un informe oficial registró que la entidad concentró el 24,99% de las reclamaciones en salud del país en el primer semestre de 2025. Ese dato confirma una crisis de atención que el país siente hoy.
Desde todos los departamentos y municipios donde la Nueva EPS tiene incidencia, se reportan deudas billonarias que son imposibles de cubrir y cuyos dineros se los han robado los corruptos que integran la Junta Directiva y otros agentes que hacen parte de ese perverso entramado diseñado para que la salud sea un negocio de pocos y la condena de muerte para muchos.
Ahora se busca inyectarle más recursos y es por eso por lo que, como es una entidad estatal, la Nueva EPS convertida en la ‘joya’ que quieren salvar los corruptos debido a que, sí o sí, siempre tendrá un catéter por el cual le llegará dinero para que su corazón no deje de latir.
El Gobierno ha insistido en que su propósito consiste en quitar barreras y construir un modelo más universal, más preventivo y menos dependiente de la intermediación.
Esa promesa puede sonar legítima en el papel. Pero la realidad cotidiana la contradice con crudeza, porque existen pacientes sin respuesta, urgencias saturadas, deudas crecientes con prestadores y una sensación pública de desamparo que ya no admite maquillajes.
Una reforma no se mide por su elocuencia, sino por su efecto sobre la vida de los pacientes. Ahora, en plena campaña para la Presidencia, se agudizó la provocación de los candidatos que se cargan culpas y ninguno propone nada inteligente para salvar o enderezar el nefasto sistema.
El mayor error político ha sido convertir la salud en un terreno de confrontación ideológica. Un sistema tan delicado no tolera consignas ni experimentos improvisados. Cuando el debate se reduce a la consigna de acabar con un modelo antes de consolidar una transición seria, el resultado cae sobre hospitales, médicos y familias.
La factura no la pagan los discursos maquillados. La pagan los enfermos que esperan. Los niños que no reciben a tiempo su tratamiento. Los centros asistenciales que asumen cargas imposibles de sobrellevar.
Colombia necesita una discusión honesta sobre financiación, cobertura, red hospitalaria y gestión, pero sobre todo necesita admitir que la confianza ciudadana ya sufrió un tajo profundo y esa enorme herida ya no es administrativa, sino humana.