Regresando a los principios
El texto llama a recuperar principios y responsabilidad ciudadana, resaltando que construir un mejor país no depende solo de un presidente.
El texto llama a recuperar principios y responsabilidad ciudadana, resaltando que construir un mejor país no depende solo de un presidente.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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300 FPV (fe-poder-victoria). Me fue imposible no relacionar esta columna con temas políticos en plena segunda vuelta a las presidenciales, porque mientras la sociedad se esfuerza en sacar a Dios de todas partes, yo deseo meterlo en todo, especialmente en aquellos aspectos en los que reina la oscuridad y no la luz.
Para que la luz sea la que guíe a Colombia, quisiera rescatar el preámbulo de nuestra Constitución política de 1991, la cual señala: “El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiente Constitución Política de Colombia.”
Es sabio que los constituyentes hayan pedido la protección de Dios para nuestro país y que invocaran condiciones de bienestar para todos en la ley de leyes y norma de normas. Sin embargo, preocupa el hecho de que nos apartemos de principios que deben sostener al país y sigamos pensando que un presidente lo cambiara todo.
Sobre el tema, llego a mi WhatsApp un mensaje que dice: “Ahora nos toca a usted y a mi construir un país mejor, hágale el bien a todo el que pueda, no se meta en las filas, pague lo que debe, cumpla las normas de tránsito y de las instituciones, sea buen empleado, buen jefe, buen hijo, buen hermano, buen papá, buen hincha, respete la religión de los demás… Volvamos a lo básico. Construir un buen país es responsabilidad de todos, no solo de un presidente.”
Al mensaje anterior yo le agregaría, honremos a Dios en todo lo que hagamos y ello implica tener conciencia de que vinimos a este mundo con un propósito divino y que no podemos seguir gastando nuestro tiempo y energía defendiendo posiciones, olvidando las necesidades que demandan soluciones.
El mundo requiere de personas comprometidas con una causa: Los niños, las víctimas, los ancianos, los animales, la pobreza, los enfermos; incluso podría decir que un antídoto contra la depresión es asumir una causa que nos sobrepase, para tener razones para vivir, en medio de tanta desesperanza.
Todos los días, aparecen causas dignas de ser apoyadas, pero pareciera que cuando llegan a nosotros, lo más fácil, es decir: ¿Por qué yo?, eso le toca a la Alcaldía, a la Gobernación, al Estado, etc, lo que empieza a evidenciar indolencia.
En estos días visité Bucaramanga y llegó a mí una de esas causas que trajo recuerdos. Entre los 8 y 12 años, mi madre me llevaba los martes en la tarde al asilo San Antonio.
El plan era igual cada martes, primero pasar por la farmacia de mi padre, quien nos daba dinero y luego caminar hasta el asilo, comprar pan, panela o chocolate, entregarlo a las hermanas y orar unos minutos en la iglesia.
Luego de pasados 40 años, me entero en un almuerzo, que el asilo que visite durante varios años está al borde de cerrar, incluso pasé por allí y observe un aviso de SOS (pedir auxilio) que invita a donar.
Este llamado de SOS no es más que una buena oportunidad para honrar a Dios y no permitir que una entidad que ha ayudado a cientos desaparezca. “No nos cansemos de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Gálatas 6:9-10.