Se pasan de la raya
El texto cuestiona excesos del poder militar y presidencial, y advierte que la exhibición de cuerpos y los abusos en operaciones violan límites institucionales y normas humanitarias.
El texto cuestiona excesos del poder militar y presidencial, y advierte que la exhibición de cuerpos y los abusos en operaciones violan límites institucionales y normas humanitarias.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Por: Reynaldo Pérez
El pie de fuerza del Estado tiene una misión institucional fundamental, defender la soberanía, la independencia, la integridad territorial y el orden constitucional, la Policía Nacional y el Ejercito Nacional, son las instituciones más antiguas del país; no solo representan lo contenido en el articulo 217 de nuestra Constitución Política, representan nuestro nacimiento como Nación organizada, no un grupo de naciones indígenas, afrodescendientes o grupos de mestizos con apetito emancipador, lo que nos terminó de independiza fue tener un ejército organizado.
Cuando fracasaron los diálogos en el Caguán, todos los colombianos estábamos indignados porque este grupo al margen de la ley burlo al Estado, había tenido una oportunidad de oro para desmovilizarse y dejar las armas, el extenso discurso de la retoma del Caguán del expresidente Pastrana, paso a un segundo plano cuando RCN TV entrevisto a un soldado raso, sus palabras enardecieron los ánimos de un país engañado y maltratado por la guerra, el soldado dijo, “vamos a traer la toalla del Mono Jojoy”, en Colombia el ejército siempre ha tenido una imagen favorable ante la opinión pública, más que la del mismo presidente.
A veces el problema del ejercito termina siendo el mismo presidente, al comandante y jefe se le pueden ir las luces, lo dice la Comisión de la Verdad, el Binomio Uribe Montoya, le hicieron mucho daño a la imagen del Ejercito Nacional, en especial la IV Brigada del ejército, Brigada en la que según la JEP se pedían “litros de sangre”. En ese entonces, a los oficiales del Ejército Colombiano, los regia un Manual de Estado Mayor del año 1984, en ninguna parte del manual se pedían “litros de sangre”, a pesar de ser un manual anterior a la constitución del 91.
El general Montoya metió en líos a gran parte de su Estado Mayor, con la ejecución de los gastos reservados de esa Brigada en el año 2002, el pago de información y de informantes, era parte del ejercicio de inteligencia para las ordenes de operaciones, lo que nadie ha justificado ante la administración de justicia, es que ese pago se hiciera a personas con orden de captura y que habían pertenecido a la guerrilla, ejemplo, alias el gomelo, delincuente que aparece uniformado señalando casas en la operación Orión del 2002, fue el mismo papel “protagónico” de alias el panadero en la masacre del 16 de mayo en Barrancabermeja; según la magistratura de la JEP, en el momento que se desarrollaba la operación Orión, donde según Luis Pérez se tenia un control operacional de la comuna, fue donde más civiles desapareció.
El pago de informantes con recursos de los gastos reservados del Ejército, en este caso la IV del Ejército, es injustificable, son extralimitaciones innecesarias, quienes han tenido que salir a defenderse en la JEP, son los militares con sus propios recursos, los presidentes terminan siendo intocables, por lo menos antes de la imputación de Álvaro Uribe Vélez, recordemos en ultimas, quien es el comandante y jefe.
Estoy de acuerdo con que todo el peso institucional debe caer sobre quienes se aprovecharon de la buena voluntad del Gobierno Nacional, que no se desmovilizaron, siguieron delinquiendo desaprovechando la política de Paz Total, pero ojo, la exhibición de “litros de sangre” del cadáver de “Bendito Menor” y su “Bebecita” no es un hecho menor, la Corte IDH establece que los Estados parte, deben dar un trato digno a los cuerpos de las personas dadas de baja en combate, sin mencionar a los menores de edad que murieron en bombardeos esta semana, nuevamente un comandante y jefe, se pasa de la raya.