Siembra Barranquilla llega a Bucaramanga
Crítica a la costumbre de Bucaramanga de copiar modelos de otras ciudades que terminan fracasando por no adaptarse al territorio.
Crítica a la costumbre de Bucaramanga de copiar modelos de otras ciudades que terminan fracasando por no adaptarse al territorio.
Los puntos clave serán generados automáticamente por IA y revisados por la redacción de El Frente.
El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Uno de los grandes problemas en materia de gestión pública que tiene Bucaramanga es replicar las ideas que tienen las demás ciudades creyendo que, si allá son un éxito, aquí lo serán igual.
Un buen ejemplo de eso son las ciclorrutas, convertidas hoy en un espacio de basura y desorden vial que ya nadie se aguanta. O el “urbanismo táctico”, que terminó transformando el espacio público de la ciudad en parqueaderos de motocicletas.
Otra de esas ideas fracasadas son los bolardos electrónicos que nunca funcionaron, un Metrolínea que solo existe para seguirle pagando el sueldo al gerente y a un par de directivos que nadie sabe qué están haciendo al interior de la entidad, o la famosa telegestión del alumbrado público que hoy en día sigue sin entenderse por parte de los ciudadanos. Ideas muy buenas en una tierra con una idiosincrasia propia y necesidades diferentes.
Copiar las iniciativas exitosas de otras ciudades no siempre es bueno, porque cada territorio tiene un desarrollo propio, unos ciudadanos distintos, un clima diferente y una paciencia y un entendimiento particulares que terminan haciendo que lo que funciona allá fracase rotundamente aquí. Y uno de esos casos se llama “Siembra Barranquilla”, una iniciativa que tuvo la alcaldía de esa ciudad, durante la administración de Jaime Pumarejo, para sembrar más de 250 mil árboles en cuatro años, unido a la aprobación de un billón de pesos de los impuestos de los ciudadanos, para gastarse durante veinte años en esa actividad. Es decir, 50 mil millones de pesos por año o 136 millones de pesos al día sembrando árboles.
El problema es que durante tres años se gastaron 134 mil millones y solo sembraron 22.850 árboles, una meta incumplida del 90% donde cada árbol sembrado terminó costándole a los barranquilleros seis millones de pesos.
Es evidente que en política todo comunica, y la mayoría de las actividades del gerente de ciudad, Deimer Mauricio Mosquera Lozano, apuntan a una sola cosa: a socializar y consolidar el proyecto de siembra de árboles en Bucaramanga, para lo cual ya se recibió asesoría y orientación al interior de la EMAB por parte de un equipo de asesores de Barranquilla.
La idea, como las buenas intenciones, no es mala, pero sí lo que quieren de verdad es reverdecer la ciudad, y no crear otra empresa que termine sirviendo de contratadero para despilfarrar los recursos públicos, deberían comenzar a estudiar la Ley 2173 de 2021 y su reglamentación establecida en la Resolución 1491 de 2025, conocida como la Ley del Árbol, para que de esa manera sean los medianos y grandes empresarios -Obligados por ley a sembrar al menos dos árboles por trabajador cada año- los que asuman en gran parte los costos de esta intención, y poder así invertir en otras cosas ese billón de pesos que se piensan gastar.
Ya es hora de que en Santander se dejen de copiar ideas ajenas, y se comiencen a estructurar las propias.