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Un mundial con veto

El Mundial quedó marcado por vetos migratorios, racismo y trabas de ingreso que contradicen el espíritu del torneo.

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El Mundial quedó marcado por vetos migratorios, racismo y trabas de ingreso que contradicen el espíritu del torneo.

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Por: Maura Samara Suárez

Este mundial ha sido polémico, aunque, en general, los mundiales siempre lo han sido. Se ha utilizado el torneo para lavar la imagen de regímenes dictatoriales, como en Argentina 1978 o Italia 1934; hace cuatro años se normalizaron condiciones laborales que rayaban en la esclavitud. Con todo, y pese a que las relaciones entre países no siempre han sido las mejores, el fair play diplomático se había respetado. Este torneo, sin embargo, ha superado todas las expectativas, pero no de buena manera, desde los escándalos en los palcos del Estadio Azteca hasta los actos de racismo contra jugadores, árbitros, prensa y aficionados de distintos países.

El futbolista iraquí Aymen Hussein fue retenido más de nueve horas al aterrizar en Chicago e interrogado exhaustivamente por las autoridades migratorias. El gobierno alegó que "había sido confundido con otra persona", argumento difícil de sostener cuando el jugador llegaba en un avión oficial de su selección. El fotógrafo del mismo equipo, Talal Salah, corrió peor suerte porque le negaron la entrada al país tras permanecer retenido doce horas.

A esto se suma el caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, uno de los más reconocidos del continente africano. Viajó con visa y documentos en regla, y aun así fue devuelto por "problemas relacionados con la verificación de sus antecedentes". La FIFA declaró que no interviene en asuntos migratorios del país anfitrión y que su postura no cambiará. Canadá, a diferencia de USA, le abrió las puertas para arbitrar en su territorio. Entretanto, la selección de Uzbekistán fue sometida a una requisa exhaustiva de sus equipajes, e Irán no puede pernoctar en suelo estadounidense, sus jugadores deben salir del país cada noche después de jugar sus partidos.

Y eso sin hablar de los aficionados. Más de doce países tienen veto total de ingreso a Estados Unidos. Irán no tendrá hinchada; Haití tampoco, aunque exista una gran cantidad de haitianos residentes en el país los que no tengan residencia legal tienen la entrada vetada, al igual que la prensa y los familiares de estos equipos. Ayer, un periodista le preguntó a Gianni Infantino por todo esto. Su respuesta fue que había que "relajarse" con los comentarios que se estaban haciendo. Y, por si fuera poco: prohibición de ingresar botellas de agua en pleno verano, las boletas más caras en la historia de los mundiales y tres minutos que, por alguna razón, no se descuentan del tiempo reglamentario.

Un torneo que prometía unir al mundo terminó recordándonos quién tiene derecho a entrar en él. Las reglas del juego, al parecer, no aplican dentro de la cancha sino antes de llegar a ella: en los aeropuertos, en las ventanillas de migración, en las horas de espera que ningún marcador registra. Mientras tanto, la FIFA observa, encoge los hombros y pide que nos relajemos. Quizás deberían buscar un país anfitrión al que sí le interese el fútbol y que sepa, aunque sea mínimamente, lo que ese deporte y ese torneo significan para el resto del mundo. Dicho esto, igual vamos con Colombia. Con toda la fe.