ir al contenido
🔴
Espacio Publicitario

La Cancha Marte, ´Templo Sagrado´ (I Parte)

‼️ Envianos tu denuncia o noticia
Versión Beta Reportar error

Resumen

El artículo discute la pasión universal por el fútbol y su relevancia en Colombia, destacando la importancia de la cancha de fútbol Marte en Santander. Además, resalta las competencias juveniles y el torneo anual llamado hexagonal que incluye equipos de jugadores veteranos.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
Espacio Publicitario
+ Google Noticias
+ Canal WhatsApp

Por: César Augusto Almeida R. Gol. Ésta es la palabra más corta y la que más se oye en el deporte mundial y la más alargada cuando de anunciarlo se trata: ¡goooooooooooooollllllllll…!

El fútbol, el deporte de más entusiastas practicantes y mirones, es una fiesta infinita.

No se sabe si el fútbol es más saludable mirarlo que practicarlo pues esos choques individuales de un juego colectivo muchas veces ocasionan tragedias en el campo y sus repercusiones se elevan hasta las tribunas repletas de apasionados furibundos que pueden hacer estallar la tercera guerra mundial en esos graderíos de pavor, de gloriosos enloquecidos.

Los contendores, que antes del juego se dan la mano amistosa con roces de terciopelo, en cualquier minuto del partido alguno de ellos, de temperamento sanguíneo, se exaspera con un simple toque con el dedo, un tirón de pelo así esté rapado, o una palabra en voz baja pero alta de significado virulentamente ofensivo contra la honorabilidad de su santa madre y entonces pronto cuaja una idea plena de perfidia para la retaliación de modo que luego apronta las herraduras de su guayos con la ‘non sancta’ intención de despellejarle de un solo envión las canillas a su adversario para luego hacer con esos jirones ensangrentados un balón casero cosido a mano, de cuero legítimo. Así ha sido y lo seguirá siendo.

¡Bah!, estoy exagerando. Simplemente trataba de tocarle la sensibilidad a los más pacíficos, a esos futbolistas que sonríen cuando les dan un codazo en la barbilla y a los fanáticos que van a los estadios con tanta fe en la tranquilidad del graderío que además de llevar su carga de anís camuflada en un tetero, también se llevan al bebé de brazos. La pasión es universal. Los niños de nuestras veredas, a falta de recursos logísticos recurren a lo que sea para jugarlo en un potrero: las porterías son las patas de las vacas y el balón una chirimoya verde, sin madurar.

Llegamos a la cancha Marte

El bien llamado ‘Templo sagrado del fútbol santandereano’ ocupa un espacio privilegiado al lado norte del estadio departamental Alfonso López por la carrera 30.

Se inauguró el año que se quiera pues a nadie le importa cuándo nació sino lo que ha servido en su larga vida. Por los años sesentas perduraron también largo tiempo al costado sur del estadio tres campos pequeños llamados Tebas I, Tebas II y La Mesita donde jugaban los niños. Fueron arrasadas para abrirle espacio al complejo deportivo donde hoy están las piscinas de la Liga Santandereana de Natación, las salas para la práctica del ajedrez y el velódromo Alfonso Flórez Ortiz bautizado, así como homenaje al ciclista de estas tierras muerto en circunstancias trágicas en Medellín.

Hay muchas canchas de fútbol en el país con el nombre de Marte quizá por sus suelos de areniscas y pedruscos que inicialmente tenían mucho de parecido al planeta rojo.

Por la Marte han pasado cantidades de niños y jóvenes que fueron luego los buenos referentes del fútbol bien logrado., algunos más que otros.

En la parte norte están las canchas de la Liga de Tejo y allí se practicaba en tanto se jugaban partidos sabatinos y dominicales y los chicos recién iniciados se paralizaban o saltaban de terror cuando las mechas estallaban inesperadamente dejando su estela de humo y pólvora. Pánico en su naturaleza más pura a la que ya se acostumbrarían. Se volvían sordos, indiferentes y ya se concentraban en el juego de sus querencias.

Llegó el reconocido hexagonal de los diciembres que este año cumple cuarenta y un años de vigencia. Pocos años interrumpido y como pasa con los cuatro evangelistas bíblicos que eran tres, Lucas y Mateo, este hexagonal, retorciéndole el pescuezo a las cuentas, a las matemáticas, ya va en dieciséis equipos participantes. Igual a un hexágono con dieciséis lados.

El campeonato abrió lugar para los jugadores veteranos, mayores de cuarenta años que es el Senior Máster, muy aparte de la categoría libre, donde muchos de sus integrantes después del juego se refrescan el gaznate no con la desabrida agua pura, sino que se instalan, ocupan toda la silletería de los bares circundantes y beben aguas amargas y algunas ardientes. Hablan de su juego acabado de terminar y les tiran granadas orales a los árbitros si les fue mal y casi nunca ni una flor.

Se dejan la camiseta maltrecha puesta hasta que se acaba la tarde.  También hay para niños de varias categorías por edades. Y hay que verlos llorar de desconsuelo cuando pierden 8-0 y va ese ejemplo. Los padres y los tíos les acarician el pelo, les cargan el morral y tratan de acomodarles su desencanto, su frustración, con una empanada de arroz y un jugo callejero. Para el juego final del hexagonal que termina en enero traen para que lo pite al mejor juez del rentado y hace tres años recayó en Wilmar Roldán, sin duda el mejor de los últimos tiempos.

Ya no volvieron a hacer otro espectáculo valorado como era invitar al campeón del hexagonal del Olaya en Bogotá para que departieran un juego amistoso con el campeón de acá. Eran realmente amistosos y no como otros que parecen un enfrentamiento entre Yasser Arafat y David Ben Gurión, válgase decir Palestina contra Israel. Continuará…

Más reciente