La Instrumentalización de la Catástrofe
La catástrofe no debe ser usada para politizar el miedo ni sacar provecho; la respuesta real está en la solidaridad y el apoyo comunitario.
La catástrofe no debe ser usada para politizar el miedo ni sacar provecho; la respuesta real está en la solidaridad y el apoyo comunitario.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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Arrancamos agosto con un embargo nacional. Desde la mañana del pasado lunes la tristeza ocupa un lugar privilegiado en nuestras agendas. Los momentos que otrora nos despertaban alegría hoy se sienten como un sacrilegio. Es como si apareciese un letrero luminoso al mejor estilo del “No fumar” en los aviones que nos obliga a apagar la sonrisa desprevenida. Incluso las redes sociales han mutado; muchas empresas detuvieron las estrategias comerciales de pauta porque “no estamos para pensar en eso”. No cabe duda de que ese sentimiento compartido comunitariamente alienta la solidaridad. En esas imágenes de filas interminables de vehículos y personas esperando turno para entregar sus donaciones, aviones atiborrados de ayudas, infinidad de videos empáticos compartidos por líderes de opinión, encontramos la salida a esas sonrisas aplazadas.
Pero como toda historia por contar, no faltan personajes que mezclan las desdichas con banderas oportunistas y viscerales. Aquel adagio según el cual “todo problema es una oportunidad” es llevado al extremo. Intentan colonizar la desdicha nacional a través de una instrumentalización de la catástrofe.
Los ejemplos pululan: venta de pijamas que eviten un desliz fashionista en el siguiente evento sísmico; kits empacados y listos para enviar a los damnificados, una especie de “ancheta” express; videos en los sitios afectados donde el protagonista no levanta una piedra en su fugaz estancia (en varios sitios de la tragedia la policía tuvo que advertir, megáfono en mano, que aquellos que venían solo a mirar más no a ayudar, optaran por retirarse). Pero existe una categoría especial dado el nivel de desfachatez que regurgita: la politización del miedo.
Intentar capitalizar la paranoia en las redes sociales es tan catastrófico como el mismo evento lamentable originario. Mensajes que vaticinan el aumento de frecuencia de terremotos por políticas públicas a debatir (sin rigurosidad técnica, por supuesto), o estigmatización de colores políticos al declararlos casi culpables de la derrota humana frente a la naturaleza, solo muestran mezquindad en un afán de eternizar el miedo para lograr objetivos de poder.
Afortunadamente la historia ha tenido sus victorias, algunas veces más dolorosas y costosas comunalmente que otras, pero al final estoicas. Es momento de recordarlas e imponer la verdadera fortaleza colombiana: la solidaridad. Que esas filas se sigan engrosando y eternizando alrededor de los puntos de acopio. Que nuestros héroes institucionales y voluntarios que trabajan incansablemente por ganarle la batalla a la muerte se llenen de ambrosía y nuevas fuerzas cada minuto. Que las redes se inunden de videos con testimonios reales de congoja y de aliento. Que aquellos que firman decretos y resoluciones se orienten por un espíritu de fraternidad auténtica. Que los fusiles den tregua como pidió nuestra Defensora. Que todos gritemos al unísono: esa manipulación dogmática no se vale, no tiene cabida en los límites de la razón; ¡no la aceptamos!