Malos gobiernos
El texto compara gobiernos fallidos en Colombia y critica con dureza la gestión de Gustavo Petro por su populismo, escándalos y deterioro institucional.
El texto compara gobiernos fallidos en Colombia y critica con dureza la gestión de Gustavo Petro por su populismo, escándalos y deterioro institucional.
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He tenido el privilegio de presenciar trece presidentes colombianos en propiedad y quince periodos presidenciales, hasta antes del Gobierno del señor Gustavo Petro Urrego, pensaba que, el peor de todos los gobernantes era Andrés Pastrana Arango, el más apuesto. Levantaba suspiros entre las señoras de la época y, con su eslogan de campaña “El cambio es ahora” recibió un País y casi entrega dos. Durante su cuatrienio presidencial se dedicó a negociar con los narcoterroristas de las FARC, encabeza de alías Tirofijo, quien, literalmente hizo ochas y panochas, sembró zozobra y terror, ante un gobernante inútil dedicado a viajar por el mundo, mientras el país sucumbía. Por fortuna llegó el Gobierno del Álvaro Uribe Vélez para cambiar el estado de las cosas, devolver la seguridad y confianza inversionista. Duélale a quien le duela, Uribe Vélez alivió el País que mal dejó Pastrana Arango. Lo que hoy intenta Abelardo.
Pueblos mal formados elegirán gobernantes mediocres; sobre Petro Urrego había indicios, su pésimo paso por la alcaldía de Bogotá aunado a un incipiente desempeño. Algo frecuente en las capitales colombianas y en particular, Bogotá. Durante los últimos treinta y cinco años, salvo, Jaime Castro Castro quien sentó la estructura de lo que hoy es el Distrito Capital, el primer gobierno de la Cultura Ciudadana de Antanas Mockus Sivickas, y las dos alcaldías de Enrique Peñalosa Londoño, Bogotá se ha caracterizado por tener una estela de mediocres gobernantes de izquierda, muchos parecidos a saltimbanquis, entre ellos Petro Urrego, que fue la cereza de ese variopinto coctel bogotano.
No obstante, las alcaldadas de Petro Urrego, la voluntad del pueblo colombiano se impuso en las elecciones presidenciales del año 2022, acompañada de excesos de estulticia, ignorancia, odio y resentimiento ciudadano, llevándolo al solio presidencial; posteriormente, sería entronizado líder intergaláctico, remoquete dado por la prensa luego de que, en un evento sobre Inteligencia Artificial celebrado en Manizales, le diera por expandir el virus de la vida por la galaxia. Curiosamente, Petro Urrego al igual que Pastrana Arango, hicieron campaña con el cuentazo del “cambio”, fueron también hasta sendos mandatos, los más viajados, y ambos apostaron por la paz, que no se hace con el que lo quiere destruir a uno.
Difícilmente podría haber peor gobierno que el del líder de la extinta Nueva Fuerza Democrática, superado con creces, por el del líder del Pacto Histórico, y en Francia por el del hoy gobernante del Renacimiento. Todo lo que mal podría hacer un presidente, lo hizo Petro Urrego. Más allá de sus datos estadísticos, las crisis en infraestructura, salud, seguridad e inversión, los sonados escándalos por indebido comportamiento, resalta en demasía el nivel al que descendió la figura presidencial; la redujo a escombros, a la inmundicia excremental y a la peor estética posible, comparable sólo con la del también exguerrillero que gobierna Nicaragua. Si hasta obras de arte desaparecieron de la casa presidencial.
Petro Urrego hizo de la mentira y del populismo su discurso, en sus estrafalarias alocuciones rebuznó cual orate sobre lo divino y lo humano. Su entorno lo conformó con lo menos recomendable, personajes rasputinescos, al punto que, hizo ministro a más de un individuo que no se sabía de dónde venía, ni quién era y sin preparación para la cartera a cargo.
En días pasados, el diario El Frente, patrimonio de los santandereanos, tituló “Petro quiere ponerse de ruana a Colombia”, lo hizo como alcalde, como presidente y ahora como expresidente. La ética y la estética fueron las grandes sacrificadas con su gobierno. Gobierno que, por fortuna llegó a su fin y deja una grande lección: Una cosa es hablar cháchara desde una curul y otra muy diferente es gobernar con pulcritud y hacerlo bien. Le corresponde al presidente De la Espriella enderezar el rumbo ¡Enhorabuena!