No extraer gas en Colombia es pegarse un tiro en el pie

Resumen

Colombia necesita acelerar la exploración y extracción de gas natural para evitar mayor dependencia externa y garantizar seguridad energética y estabilidad fiscal.

Generado por Inteliegenica Artifical (OpenAI)
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by Camilo Silvera

El Madalena Medio santandereano duerme sobre un incalculable colchón de gas natural, pero el país está quedándose sin reservas de este combustible y urgen acciones y decisiones para que con nueva exploración y extracción se aumenten las reservas, para que no se paralice el país industrial y doméstico.

En Cartagena, Colombia discutió su futuro energético con una mezcla peligrosa de urgencia y demora. El gas natural sostiene la vida cotidiana de millones de hogares, respalda la generación eléctrica y ofrece una vía real hacia una matriz menos contaminante.

Sin embargo, el país trata este recurso natural como una promesa aplazada, no como un activo estratégico. No se trata de una discusión técnica menor. Se trata de seguridad energética, estabilidad fiscal y alivio para millones hogares, por no decir que todos.

Cada aplazamiento en exploración y extracción encarece la factura nacional y debilita la capacidad del Estado para responder con oportunidad y en cada frente estatal.

El diagnóstico es severo. Las reservas probadas se reducen, el horizonte de autosuficiencia se acorta y la dependencia externa gana terreno. Mientras tanto, el subsuelo mantiene un potencial claro en regiones como Córdoba, Sucre, Cesar, Santander y los Llanos.

La paradoja es brutal: Colombia posee recursos, pero carece de la decisión política y regulatoria que convierta esa riqueza en bienestar, empleo e ingresos fiscales.

El caso del Campo Sirius resume el tamaño de la oportunidad y también la lentitud institucional. Se trata de un hallazgo de escala histórica, capaz de cubrir una parte decisiva de la demanda nacional.

Pero incluso frente a ese panorama, el país tropieza con trámites, licencias y dudas que restan confianza. Cuando una economía deja su principal carta energética atrapada en la burocracia, renuncia a competitividad y multiplica riesgos.

La caída en la actividad exploratoria confirma una política errática. No extraer gas en Colombia es pegarse un tiro en el pie. Menos pozos, menos inversión y más incertidumbre equivalen a menor oferta futura.

No basta con repetir discursos grandilocuentes y cargados de un postizo ambientalismo sobre transición energética si, al mismo tiempo, se cierran puertas a la producción que sostiene esa misma transición. El país necesita realismo y no hay cambio viable sin abastecimiento seguro ni finanzas públicas sanas.

También urge resolver la infraestructura para importación y transporte. La pérdida de autosuficiencia ya obliga a comprar una enorme parte relevante de la demanda, en el exterior.

En ese contexto, cada regasificadora, cada ducto y cada permiso pesan más que cualquier consigna. La seguridad jurídica no es un favor al sector privado. Es la condición mínima para atraer capital, ampliar capacidad y evitar sobresaltos en periodos de sequía.

El país no requiere más diagnósticos ceremoniales. Requiere decisiones. Acelerar la exploración, destrabar proyectos, ordenar las licencias y proteger la inversión, son tareas impostergables.

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por Camilo Silvera
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