No todos, pero...
El texto cuestiona el “no todos los hombres” y sostiene que el silencio ante abusos también perpetúa la violencia.
El texto cuestiona el “no todos los hombres” y sostiene que el silencio ante abusos también perpetúa la violencia.
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El contexto histórico y los antecedentes serán generados a partir del archivo periodístico de El Frente.
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En anteriores columnas he mencionado que hay cosas que evito por seguridad: caminar por la calle, tomar espacios públicos sin compañía de confianza, utilizar cierto tipo de ropa si tengo que caminar. Probablemente para los hombres estas cosas son muy usuales; para mí no lo son.
Por: Maura Suárez
Antes de levantarme tengo que pensar si tengo o no pico y placa, porque, si lo tengo, sé que no puedo usar falda por seguridad. Y aunque me encanta caminar, evito por completo hacerlo en trayectos largos, y si tengo que hacerlo, prefiero llevar audífonos para no tener que escuchar lo que me dicen.
Para dar contexto, el caso de los 7 de Cornell: una joven menor de edad en Estados Unidos, que se encontraba intoxicada con alcohol, fue a encontrarse con la persona con la que estaba saliendo, quien le ofreció ketamina, un tipo de ansiolítico que adormece a las personas. Posteriormente, escribieron en un grupo de Snapchat que ella estaba “dispuesta” a tener relaciones sexuales con varios miembros de una fraternidad. La invitación fue abierta a 57 hombres; 7 acudieron. Ninguno llamó a la policía del campus para denunciar un abuso sexual. Tal vez, si en ese momento alguno lo hubiera hecho, ella no habría pasado 7 torturantes horas en las que no podía consentir ninguno de los actos a los que fue sometida, porque estaba intoxicada con alcohol y ketamina.
En Colombia, esta semana abusaron sexualmente de dos adultas mayores, y una de ellas incluso murió por los hechos. En San Vicente de Chucurí, una mujer de 70 años permanece hospitalizada después de la agresión, y en Nariño una mujer de 72 años falleció. Clara debe ser la indignación de la sociedad, pero este tipo de casos demuestra que no es la ropa, ni la edad, ni el lugar. Es más: el abuso sexual contra adultos mayores aumentó un 32 % en el último año y el 88 % de los casos se presenta en mujeres; eso significa que casi 9 de cada 10 adultos mayores valorados por presunto abuso sexual son mujeres.
No todos los hombres, pero fue un hombre el que le ofreció ketamina a una menor de edad que ya estaba intoxicada. No todos los hombres, pero alguien escribió en un grupo de Snapchat que ella estaba “dispuesta”, como quien ofrece un objeto y no a una persona. No todos los hombres, pero fueron 57 los que recibieron esa invitación y ninguno levantó el teléfono para llamar a la policía del campus. No todos los hombres, pero fueron 7 los que acudieron y fueron 7 las horas en las que ella no pudo decir que no. No todos los hombres, pero hubo un hombre detrás de la agresión que dejó hospitalizada a una mujer de 70 años en San Vicente de Chucurí, y hubo un hombre detrás de la agresión que terminó con la vida de una mujer de 72 en Nariño. Por eso, cuando escucho “no todos los hombres”, no puedo evitar pensar en lo que hago cada mañana antes de salir de mi casa. No lo hago porque crea que todos los hombres que me voy a cruzar son peligrosos; lo hago porque no tengo forma de saber cuál es el uno. Se rompe cuando el “no todos” deja de ser una excusa y se convierte en una responsabilidad. Porque si no son todos, entonces son muchos los que pueden hacer algo: llamar, denunciar, no reenviar, no reírse, no quedarse callados en el grupo de chat, no mirar para otro lado. No todos los hombres, es cierto, pero mientras siga siendo siempre un hombre, el silencio de los demás también hace parte del problema.