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Salud

Prevenir un infarto o un ACV puede salvar vidas y reducir los costos del sistema de salud

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte y suelen avanzar sin síntomas. Detectar a tiempo factores como hipertensión, diabetes y tabaquismo puede prevenir infartos y ACV.

Prevenir un infarto o un ACV puede salvar vidas y reducir los costos del sistema de salud
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Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte y suelen avanzar sin síntomas. Detectar a tiempo factores como hipertensión, diabetes y tabaquismo puede prevenir infartos y ACV.

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Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas afecciones provocan aproximadamente 19,8 millones de fallecimientos anuales e incluyen problemas como la cardiopatía coronaria y los accidentes cerebrovasculares (ACV).

Más de cuatro de cada cinco muertes relacionadas con estas enfermedades se atribuyen a las cardiopatías coronarias y los accidentes cerebrovasculares. Además, cerca de una tercera parte ocurre antes de los 70 años, lo que evidencia la importancia de detectar los factores de riesgo y actuar antes de que se produzca una emergencia.

El médico cardiólogo Antonio Saltarín advierte que estas enfermedades pueden avanzar silenciosamente durante años. La hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, los niveles elevados de colesterol y el sedentarismo pueden deteriorar progresivamente la salud sin generar molestias evidentes.

A estos factores se suma el tabaquismo, que favorece la aterosclerosis, un proceso en el que se acumulan placas en las arterias, reduciendo su diámetro y dificultando el flujo sanguíneo.

Por esta razón, la ausencia de síntomas no significa que el sistema cardiovascular esté libre de riesgos. Los controles médicos permiten identificar alteraciones y establecer medidas de prevención antes de que aparezcan complicaciones graves.

Una enfermedad que también golpea la economía

El impacto de las enfermedades cardiovasculares trasciende los hospitales. Según las estimaciones citadas en el documento, su costo macroeconómico mundial equivale a entre el 3 % y el 5 % del producto interno bruto global, con pérdidas anuales aproximadas de 3,8 billones de dólares en bienestar y productividad.

La carga incluye los gastos de atención médica, la pérdida de ingresos, las incapacidades y el tiempo que familiares y cuidadores deben dedicar a atender a los pacientes. Los países de ingresos bajos y medianos soportan una parte importante de este impacto, pues concentran más del 80 % de las muertes por estas causas, según la OMS.

En Colombia, las proyecciones mencionadas en el informe advierten que la prevalencia de enfermedades cardiovasculares podría alcanzar 1,6 millones de casos para 2035, con una carga económica de hasta 14.000 millones de dólares en costos directos e indirectos.

Ante este panorama, Martín Javier Martínez, CEO de Aspen Clúster Andino, sostiene que prevenir estos eventos debe ser una prioridad de salud pública. Un infarto o un ACV puede transformar la vida del paciente, afectar a su familia y exigir tratamientos, rehabilitación y recursos durante periodos prolongados.

El especialista plantea fortalecer la educación sobre los factores de riesgo, las señales de alerta y la importancia de buscar atención médica de manera oportuna.

Chequeos médicos y hábitos saludables

Para Saltarín, la prevención debe comenzar desde edades tempranas mediante la identificación y el control de los factores de riesgo. La frecuencia de los chequeos debe ajustarse a la edad, los antecedentes familiares, las condiciones de salud y las indicaciones del profesional tratante.

El cardiólogo recomienda prestar atención a señales como mareos, inestabilidad o vértigo y consultar cuando aparezcan. Sin embargo, estos síntomas pueden tener distintas causas y no deben interpretarse automáticamente como indicios de una enfermedad cardiovascular.

El control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol, así como el seguimiento del peso, permite detectar alteraciones que requieren intervención. A estas medidas se suman hábitos respaldados por las recomendaciones de salud pública:

  • Abandonar el consumo de tabaco.
  • Reducir la ingesta de sal.
  • Aumentar el consumo de frutas y hortalizas.
  • Realizar actividad física con regularidad.
  • Evitar el consumo de alcohol en cantidades perjudiciales.

También es importante favorecer entornos saludables, mejorar la calidad del aire y reducir la exposición a la contaminación.

El especialista recuerda que algunos accidentes cerebrovasculares pueden estar relacionados con condiciones específicas, como los trastornos de la coagulación, que requieren evaluación médica. Por eso, aunque la prevención reduce muchos riesgos, no todos los eventos pueden evitarse.

Reconocer un ACV: cada minuto cuenta

Una de las herramientas para identificar un accidente cerebrovascular es el acrónimo FAST, que resume tres señales de alerta y la necesidad de actuar inmediatamente.

F – Rostro: pida a la persona que sonría. Observe si un lado de la cara se encuentra caído o si presenta dificultad para moverlo.

A – Brazos: solicite que levante ambos brazos. Si uno cae o no puede sostenerlo, puede existir debilidad repentina.

S – Habla: pida que repita una frase sencilla. Preste atención a dificultades para hablar, palabras arrastradas o problemas para comprender.

T – Tiempo: si aparece cualquiera de estas señales, llame inmediatamente a los servicios de emergencia y registre, si es posible, la hora en que comenzaron los síntomas.

No espere a que las molestias desaparezcan ni intente trasladar la atención para más tarde. Algunos tratamientos para el ACV dependen del tiempo transcurrido y de una evaluación especializada; determinados pacientes pueden beneficiarse de intervenciones incluso después de las primeras horas.

Prevenir un evento cardiovascular exige combinar controles médicos, hábitos saludables y conocimiento de las señales de alarma. La detección temprana puede reducir complicaciones, preservar la autonomía de los pacientes y disminuir la presión económica sobre las familias y el sistema de salud.