Teatro Santander: casi un siglo en la historia de Bucaramanga
El Teatro Santander, símbolo de Bucaramanga, pasó del abandono a ser recuperado como patrimonio cultural y escenario artístico de la ciudad.
El Teatro Santander, símbolo de Bucaramanga, pasó del abandono a ser recuperado como patrimonio cultural y escenario artístico de la ciudad.
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El Teatro Santander es el protagonista del tercer reportaje de la serie audiovisual Reportajes con la Historia, una iniciativa de la Academia de Historia Urbana y Socioeconómica de Bucaramanga y Santander que busca rescatar y divulgar la memoria urbana, arquitectónica y cultural de la región.
En el corazón de Bucaramanga, su fachada conserva la huella de casi un siglo de transformaciones. Fue escenario de grandes espectáculos, sala de cine, punto de encuentro de varias generaciones y, durante algunos años, un edificio abandonado que estuvo a punto de desaparecer.
Su historia comenzó en 1927, cuando empresarios locales, entre ellos Julio Valdivieso, promovieron la construcción de un gran teatro en el predio del antiguo Cine del Centenario. El proyecto contó con la asesoría del arquitecto francés Georges Carpentier y adoptó elementos de la arquitectura republicana y ecléctica, reflejo de una ciudad que crecía y aspiraba a consolidar nuevos espacios para las artes y el entretenimiento.
Pese a las dificultades económicas de aquellos años, el proyecto salió adelante. En febrero de 1932, el Teatro Santander abrió sus puertas y se convirtió en uno de los principales escenarios de la región. Sus condiciones escénicas, con tramoya, foso de orquesta y un amplio escenario, permitieron recibir compañías teatrales, espectáculos musicales y presentaciones líricas.
Sin embargo, la llegada del cine transformó el destino del inmueble. En 1948 pasó a propiedad de Cine Colombia y, posteriormente, experimentó varias reformas. Durante la década de 1970, el gran escenario fue dividido para dar paso a las salas Cinema 1, Cinema 2 y el CID.
Para miles de bumangueses, el teatro quedó asociado a los estrenos cinematográficos, los martes de película y las jornadas del cineclub. La pantalla se convirtió en una ventana al mundo compartida por generaciones que encontraron allí una forma de disfrutar la ciudad.
Con el auge de los multiplex en los centros comerciales, la consolidación de la televisión y las dificultades que comenzó a enfrentar el centro urbano, la asistencia disminuyó. En 2005, el Teatro Santander cerró sus puertas, iniciando una etapa de abandono que amenazó su permanencia.
La defensa ciudadana del inmueble contribuyó a mantener vigente la necesidad de protegerlo. En 2007 fue declarado Bien de Interés Cultural Municipal y, al año siguiente, comenzaron a tomar forma los esfuerzos institucionales y privados para recuperarlo. El proyecto planteó un desafío: conservar la identidad arquitectónica del antiguo teatro y, al mismo tiempo, dotar a Bucaramanga de un escenario acorde con las exigencias contemporáneas. La solución fue preservar la fachada republicana y reconstruir el complejo escénico desde sus cimientos.
La recuperación contó con la dirección técnica de Antonio José Díaz Ardila, Álvaro Tobón Hincapié y Miguel Antonio Prada Barajas. El nuevo complejo incorporó un Teatro Mayor con capacidad para 1.100 espectadores y el Teatro Escuela, ubicado en el predio del antiguo Café Centenario. También se modernizaron los sistemas acústicos, escénicos y de iluminación.
La reapertura devolvió a la ciudad un espacio fundamental para la música, el teatro y las distintas expresiones artísticas. Contar la historia del Teatro Santander es recordar la época dorada del cine y reconocer el esfuerzo colectivo que permitió recuperar un patrimonio amenazado por el abandono.
Hoy, artistas y espectadores vuelven a ocupar sus espacios. Detrás de la fachada que ha acompañado a varias generaciones, nuevas audiencias descubren un escenario que conecta el pasado con el presente.
Casi un siglo después, el Teatro Santander sigue demostrando que conservar el patrimonio, implica mantener viva la memoria de una ciudad a través de los lugares donde su historia continúa encontrándose con la cultura.
*Diego Sáenz Reyes