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Academias de Historia de Colombia: preservar la memoria, transformar la gestión

La Asamblea de Academias de Historia de Colombia destacó la necesidad de fortalecer su gestión, cooperación y sostenibilidad para preservar la memoria histórica del país.

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Del 10 al 12 de julio se realizó en Rionegro, Antioquia, la Asamblea Nacional de Academias de Historia de Colombia, un encuentro que reunió a representantes de las instituciones dedicadas a la investigación, conservación y divulgación de la memoria del país.

La Asamblea puso sobre la mesa una preocupación que atraviesan las instituciones culturales: ¿cómo garantizar que las academias de historia puedan cumplir su misión en un contexto marcado por las transformaciones tecnológicas, las nuevas formas de consumo cultural y las dificultades de financiación?

Durante las jornadas se analizaron propuestas relacionadas con la investigación histórica, la gestión cultural, la conservación de archivos, las publicaciones y la comunicación institucional. Uno de los temas destacados fue la necesidad de fortalecer los vínculos entre las academias y construir mecanismos de cooperación que permitan superar el aislamiento institucional.

La figura de Pedro María Ibáñez, uno de los referentes de la historiografía colombiana y de la profesionalización de la historia a comienzos del siglo XX, sirvió como punto de partida para reflexionar sobre la evolución de la disciplina y sobre la responsabilidad que tienen actualmente estas instituciones frente a la construcción de memoria colectiva.

Uno de los debates más relevantes estuvo relacionado con la gestión y sostenibilidad institucional. Las academias enfrentan el desafío de conservar sedes, archivos y colecciones, al tiempo que desarrollan investigación y actividades de divulgación. Frente a esta realidad, se planteó la necesidad de avanzar hacia modelos de gestión cultural, con ingresos provenientes de diferentes fuentes: proyectos, convenios, publicaciones, donaciones, actividades académicas y alianzas estratégicas.

En este sentido, los convenios interinstitucionales podrían permitir compartir infraestructura, desarrollar investigaciones, digitalizar archivos y reducir costos operativos. La conservación del patrimonio requiere planificación y recursos previos.

Otro asunto importante fue el futuro de las publicaciones historiográficas. El libro necesita profesionalizar sus procesos editoriales, garantizar registros como ISBN e ISSN cuando correspondan y desarrollar estrategias de distribución y comercialización. La publicación gratuita es útil en determinados proyectos, pero no es el único modelo. La creación de fondos rotatorios mediante la venta de libros permitiría generar recursos para continuar investigando y publicando.

También se discutió la importancia de crear redes nacionales. La experiencia de iniciativas como la Federación del Caribe mostró que la articulación fortalece la capacidad de gestión, En esa dirección, tomó fuerza la propuesta de avanzar hacia una Federación Colombiana de Academias de Historia, cuya consolidación dependerá de la adhesión de un número significativo de academias del país.

La comunicación institucional ocupó igualmente un espacio relevante. En una sociedad donde las nuevas generaciones se informan principalmente a través de plataformas digitales, las academias necesitan encontrar nuevas formas de contar la historia. Los ejemplos de museos que utilizan microvideos, y actividades innovadoras demuestran que el patrimonio puede comunicarse sin perder rigor académico.

La Asamblea también abordó aspectos jurídicos, administrativos y tributarios relacionados con las entidades sin ánimo de lucro, resaltando la necesidad de mantener actualizada la documentación institucional y cumplir oportunamente las obligaciones legales.

El encuentro concluyó con la ratificación de Cúcuta como sede de la próxima Convención Nacional en 2028, mientras avanza el proceso de construcción de la futura federación.

La Asamblea de Rionegro dejó, el mensaje que las Academias de Historia tienen que conservar el pasado, pero gestionarlo en el presente. La memoria necesita investigación, pero también recursos y tecnología.

El desafío está planteado: convertir el conocimiento histórico en una herramienta para comprender el país, fortalecer la identidad y construir ciudadanía, preservar la memoria; significa lograr que la sociedad encuentre razones para comprender quiénes somos y hacia dónde vamos.

*Diego Sáenz Reyes.