La campana de cristal
La campana de cristal retrata la depresión de Esther Greenwood y la presión sobre las mujeres en los años 60, en una novela marcada por la vida de Sylvia Plath.
La campana de cristal retrata la depresión de Esther Greenwood y la presión sobre las mujeres en los años 60, en una novela marcada por la vida de Sylvia Plath.
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La semana pasada terminé de leer el libro que titula esta columna. La campana de cristal es la única novela de la poeta estadounidense Sylvia Plath y fue publicada por primera vez en 1963, bajo el seudónimo de Victoria Lucas. Me interesé en leerla porque es un libro muy recomendado sobre la vida en los años sesenta.
Por: Maura Samara Suárez
El libro trata sobre Esther Greenwood, una estudiante universitaria que gana una pasantía en una revista de Nueva York. Aunque es una gran oportunidad, a Esther no le interesan mucho ni el trabajo ni la vida cosmopolita que le ofrece la beca. Cuando regresa a casa y no es admitida en un programa de verano, entra en episodios depresivos muy fuertes que la llevan a un intento de suicidio y, finalmente, a un sanatorio donde le aplican electroshocks de forma errónea; allí vive el episodio traumático de la muerte de una de sus compañeras. Comencé a leer el libro esperando una prosa poética como la de las novelas de Piedad Bonnett, Qué hacer con estos pedazos o Lo que no tiene nombre, y, aunque está narrado en prosa, la poesía es parte esencial del libro.
Considero que los temas principales del libro son el papel de la mujer en la época y la depresión; se nota que fue escrito por alguien que la padecía. Sylvia se suicidó un mes después de su publicación. Se llama La campana de cristal porque representa cómo se siente la depresión para ella: puede ver hacia afuera a la gente y la gente puede verla adentro, pero la campana la separa del mundo.
Sylvia Plath nació en 1932. Era hija de un inmigrante alemán que murió cuando ella era muy joven, y su ausencia marcó gran parte de su poesía. Su vida tiene muchas similitudes con la de la protagonista de su novela, al igual que Esther, cuando no fue admitida en un curso de escritura cayó en una depresión e intentó quitarse la vida, y su paso por un sanatorio la dejó marcada, justamente, por una aplicación errónea de electroshocks.
Tras su recuperación ganó una beca en Cambridge en 1955; en 1956 conoció al poeta Ted Hughes y, a los pocos meses, se casaron. En 1960 publicó su primer libro de poemas y nació su hija; dos años después, su hijo. Ella intentaba sostener su carrera de escritora mientras cargaba con todo el trabajo doméstico.
En 1962 terminó con su esposo e inmediatamente comenzó una relación; ese año escribió su poemario más reconocido y comenzó a escribir La campana de cristal. Murió el 11 de febrero de 1963, a los 30 años. En 1982 sus poemas ganaron el Premio Pulitzer. En 2017 se publicó la correspondencia que mantenía con una amiga, en la que contaba el maltrato constante de su esposo.
Los casos de Esther y de Sylvia son el mismo, el de una mujer brillante a la que le exigieron ser buena esposa, buena madre y buena hija antes que escritora, y a la que trataron la tristeza con descargas eléctricas en lugar de escucharla.
La campana de cristal no la construyó solo la depresión; también la construyeron una época que encerraba a las mujeres en la casa, unos médicos que le aplicaron mal los electroshocks y un esposo que la maltrataba. Más de sesenta años después, el libro sigue siendo recomendado porque esa campana no ha desaparecido, muchas mujeres siguen mirando el mundo a través del vidrio, cargando solas con la casa, los hijos y la carrera. Leer a Plath hoy es nombrar esa campana, y nombrarla es empezar a romperla.