Semana de la justicia que restaura
La justicia restaurativa busca reparar daños, atender necesidades y reconstruir el tejido social con participación comunitaria, en lugar de centrarse solo en castigar.
La justicia restaurativa busca reparar daños, atender necesidades y reconstruir el tejido social con participación comunitaria, en lugar de centrarse solo en castigar.
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Entre las múltiples historias contadas por el Doctor Mario Madrid Malo en su serie de obras “Siluetas para una historia de los Derechos Humanos”, libros de lujo para quien quiera adentrarse empáticamente en las lindes de este triunfo de la humanidad, algunas versan sobre la fragilidad ante la desventura de aquellos que están “justamente” (según el ordenamiento jurídico de cada contexto en la historia universal) privados de la libertad. El reconocido catedrático, autor, y “comendador de los Derechos Humanos en Colombia” nos presenta personajes como Cesare Beccaria o John Howard, quienes desde la razón y la intersubjetividad permitieron, a partir de la preocupación verbalizada en debates de altura jurídica, pasar del calabozo medieval absolutista (una especie de hoyo de castigo y sufrimiento) a un espacio de custodia procesal con un espíritu de resocialización.
Hoy, el debate en lo penal y el castigo judicial ha evolucionado hacia una Justicia Restaurativa y Terapéutica, que valga la “pena” decir, será conmemorada y promocionada la última semana de este mes de octubre. El núcleo de esta figura no está en determinar qué norma ha sido violada, o señalar y castigar al culpable; si bien no se deja de lado la necesidad de responder a dichos interrogantes, la Justicia Restaurativa busca en primer lugar qué fue dañado, qué necesidades surgieron, y cómo restablecerlas de la mano de quien protagonizó la conducta lesiva; todo esto bajo una conciencia grupal de reparar el tejido con participación comunitaria.
Lo más interesante es que, a pesar de que nuestro sistema penal se ha nutrido desde sus comienzos de modelos importados, sujeto de orgullo, además, este paradigma de justicia es conocido y practicado a diario en nuestros territorios hace muchos años, incluso antes de que fuésemos considerados una nación. Los pueblos indígenas han sido conocedores de la necesidad de no eternizar el conflicto, de reducir los riesgos de repetición de transgresiones que alteren la convivencia social, y de la importancia del arrepentimiento auto gestionado. La espiritualidad, las reparaciones integrales, la vergüenza como formador de carácter y razón del ofensor, o el perdón auténtico, han sido herramientas básicas implementadas para volver a armonizar el tejido cuando este sufre embates por malas conductas de sus individuos.
Enhorabuena estas jornadas de promoción de justicia restaurativa y terapéutica. Es momento de detener el dedo inquisidor y la ansia de castigo. En el pueblo de la Ley del Talión solo quedan tuertos y edéntulos. Las oportunidades de arrepentimiento y perdón genuino restablecen, sanan, y tal vez, más temprano que tarde permitan engendrar una sociedad con individuos que sientan el dolor ajeno y el temor de atentar contra la armonía antes de ejercer la violencia.
*Docente y consultor en DDHH y Manejo de conflictos
X: @rodrygonzalezma